Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 219

m e encontraste. No sabía lo solo que m e encontraba hasta la prim era noche que pasé sin ti en m i casa. Eres lo único que he hecho bien. Eres todo lo que he estado esperando, Palom a. Alargué los brazos para tom ar su cara entre m is m anos y él m e ro- deó con sus brazos, levantándom e del suelo. Apreté los labios contra los suy os, y él m e besó con la em oción de todo lo que acababa de decir. En ese preciso m om ento m e di cuenta de por qué se había hecho ese tatuaj e, por qué m e había elegido y por qué y o era diferente. No era solo y o, no era solo él: la excepción era lo que formábamosjuntos. Un ritm o m ás rápido hizo vibrar los altavoces, y Travis m e dej ó en el suelo. —¿Todavía quieres bailar? Am erica y Shepley aparecieron a nuestro lado y enarqué una cej a. —Si crees que puedes seguirm e el ritm o. Travis sonrió burlón. —Ponm e a prueba. Moví m is caderas contra las suy as y subí la m ano por su cam isa, hasta desabrocharle dos botones, Travis se rio y sacudió la cabeza, y y o m e di m edia vuelta, m oviéndom e contra él siguiendo el ritm o. Me cogió por las caderas, m ientras y o echaba la m ano hacia atrás y lo agarraba por el trasero. Me incliné hacia delante y él m e clavó los dedos en la piel. Cuando m e enderecé, m e tocó la orej a con loslabios. —Sigue así y nos irem os pronto. Me di m edia vuelta y sonreí, echándole los brazos alrededor del cue- llo. Se apretó contra m í y y o le saqué la cam isa y deslicé m is m anos por su espalda, apretando los dedos contra sus m úsculos sin grasa, y después sonreí ante el ruido que hizo cuando probé su cuello. —Cielo santo, Palom a, m e estás m atando —dij o él, agarrándom e el dobladillo de la falda, subiéndola lo j usto para rozarm e los muslos con las yemas de los dedos. —Me parece que y a sabem os en qué consiste su atractivo —dij o Lexie en tono despectivo desde detrás de nosotros. Am erica se giró y se abalanzó furiosa hacia Lexie con ganas de pelea. Shepley la cogió j usto a tiem po. —¡Repite eso! —dij o Am erica—. ¡Atrévete a decírm elo a la cara, zorra! Lexie se protegió detrás de su novio, conm ocionada por la am enaza de Am erica.