servaba con curiosidad y parecía estudiar cada palabra que decía. Sé
que estaba intrigada por saber qué m e hacía aparentem ente irre-
sistible para Travis, y m e descubrí a m í m ism a esforzándom e por
dem ostrárselo. No solté a Travis ni un m om ento, añadía ocurren-
cias inteligentes en los m om entos precisos de la conversación y
bromeabaconélsobresusnuevostatuajes.
—Tío, ¿llevas el nom bre de tu chica en la m uñeca? ¿Qué dem onios
se te pasó por la cabeza para hacer eso? —dij o Brad.
Travis giró la m ano con orgullo para enseñarle m i nom bre.
—Estoy loco por ella —dij o él, m irándom e con ternura.
—Pero si apenas la conoces —soltó Lexie. No apartó sus oj os de los
míos.
—La conozco. —Frunció el entrecej o—. Pensaba que el tatuaj e te
había asustado. ¿Ahora fardas de él?
Me acerqué para besarle en la m ej illa y m e encogí de hom bros.
—Conform e pasa el tiem po, m e gusta m ás.
Shepley y Am erica se abrieron paso hacia las escaleras que llevaban
al sótano y los seguim os, cogidos de la m ano. Habían pegado los m ue-
bles a las paredes para hacer sitio a una im provisada pista de baile.
Justo cuando bajábamoslasescaleras,empezóasonarunacanciónlenta.
Travis no dudó en llevarm e hasta el centro; se pegó a m í y m e llevó
la m ano a supecho.
—Estoy contento de no haber venido a una de estas cosas antes. Es
genial haberte traído solo a ti.
Sonreí y apreté la m ej illa contra su pecho. Puso la m ano sobre la
parte inferior de m i espalda, cálida y suave contra m i pieldesnuda.
—Este vestido hace que todo el m undo te m ire —dij o él. Levanté
la m irada, esperando ver una expresión tensa, pero estaba sonriendo—.
Supongo que es bastante guay … estar con la chica a la que todo el m
undo desea.
Puse los oj os en blanco.
—No m e desean. Sienten curiosidad por saber por qué m e deseas tú.
Y, en cualquier caso, m e da pena quien piense que tiene una oportu-
nidad. Estoy irremediableycompletamenteenamoradadeti.
Una m irada de angustia oscureció su rostro.
—¿Sabes por qué te quiero? No sabía que estaba perdido hasta que