herm andad vestida así. Me m eteré en una pelea a los cinco m inutos.
Me puse de puntillas y lo besé en los labios.
—Tengo fe en ti.
—Esta noche va a ser un desastre —gruñó él.
—No, va a ser genial —dij o Am erica, ofendida.
—Piensa en lo fácil que será quitarlo después —dij e, besándolo en
el cuello.
—Ese es el problem a. Eso m ism o pensarán todos los dem ás chicos.
—Pero tú eres el único que conseguirá com probarlo. —No respondió
y m e eché hacia atrás para evaluar la expresión de su cara—. ¿De ver-
dad quieres que mecambie?
Travis escudriñó m i cara, m i vestido, m is piernas y después soltó
una exhalación.
—Da igual lo que te pongas. Estás preciosa. Creo que debería em
pezar a acostumbrarme ya, ¿no? —Me encogí de hom bros y él sacudió
la cabeza—. Vale, y a se nos ha hecho tarde. Vámonos.
Me acurruqué j unto a Travis para entrar en calor m ientras íbam os
del coche a la casa de Sigm a Tau. El am biente estaba cargado de hum
o, y hacía calor. La m úsica atronaba en el sótano, y Travis m ovió la
cabeza siguiendo el ritm o. Todo el m undo pareció darse la vuelta a la
vez. No estaba segura de si nos m iraban porque Travis estaba en una
fiesta de citas, porque llevaba pantalones de vestir o pormivestido,perot
odosnosmiraban.
Am erica se acercó y m e susurró al oído:
—Estoy tan contenta de que estés aquí, Abby … Me siento com o si
acabara de entrar en una película de MollyRingwald.
—Me alegra ser de ay uda —m ascullé.
Travis y Shepley se llevaron nuestros abrigos y después nos conduj
eron hasta la cocina. Shepley cogió cuatro cervezas del frigorífico, le dio
una a Am erica y otra a m í. Nos quedam os en la cocina, escuchando
a los com pañeros de herm andad de Travis discutir sobre su últim
a pelea. Las chicas que los acom pañaban resultaron ser las m ism as
rubias tetonas que siguieron a Travis a la cafetería la prim era vez que
hablamos.
Lexie era fácil de reconocer. No podía olvidar la m irada que puso
cuando Travis la echó de su regazo por insultar a Am erica. Me ob-