Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 216

—Hora de irse, señoritas —dij o Shepley. Am erica salió, y Shepley silbó. —¿Dónde está? —preguntó Travis. —Abby está teniendo algunos problem illas con su zapato. Saldrá en un segundo —explicó America. —¡El suspense m e está m atando, Palom a! —gritó Travis. Salí de la habitación, colocándom e bien el vestido, m ientras Travis estaba de pie delante de m í, con la cara pálida. Am erica le dio un codazo y él parpadeó. —¡Joder! —¿Estás listo para alucinar? —preguntó Am erica. —No estoy alucinando. Está genial —dij o Travis. Sonreí y lentam ente m e di m edia vuelta para enseñarle el pronun- ciado escote de la espalda del vestido. —Vale, ahora sí estoy alucinando —dij o acercándom e y haciéndom e girar. —¿No te gusta? —pregunté. —Necesitas una chaqueta. Corrió al perchero y a toda prisa m e echó el abrigo por encim a de los hombros. —No puede llevar eso toda la noche, Trav —dij o Am erica riéndose. —Estás preciosa, Abby —dij o Shepley com o disculpa por el com portam iento de Travis. La expresión de Travis al hablar era de aflicción. —Desde luego. Estás increíble…, pero no puedes ir así vestida. La falda es… guau… y tus piernas… La falda es dem asiado corta y falta la m itad del vestido. ¡Ni siquiera tiene espalda! No pude contener una sonrisa. —Está hecho así, Travis. —Vosotros dos vivís para torturaros el uno al otro, ¿no? —dij o Shepley con el ceño fruncido. —¿No tienes otro vestido? —preguntó Travis. Baj é la m irada. —Lo cierto es que es bastante norm al por delante. Solo por detrás dej a m ás piel a la vista. —Palom a —pronunció las siguientes palabras con un gesto de do- lor—, no quiero que te enfades, pero no puedo llevarte a la casa de m i