Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 215

Clavó los dedos en m is caderas y m e acercó m ás a él. —Estás tan increíblem ente sexi cuando te enfadas —susurró contra m is labios. —Vale —dij e suspirando—, y a m e he calm ado. Sonrió com placido porque su plan de distracción había funcionado. —Todo sigue igual, Palom a. Solo tú y y o. —Estáis com o cabras —dij o Shepley, sacudiendo la cabeza. AmericalediounapalmaditajuguetonaaShepleyenelhombro. —Abby tam bién ha com prado algo para Travis hoy. —¡Am erica! —la regañé. —¿Has encontrado un vestido? —preguntó él sonriendo. —Sí —lo rodeé con las piernas y los brazos—. Mañana será tu turno de alucinar. —Lo espero con im paciencia —dij o él, m ientras m e baj aba de la encim era. Me despedí de Am erica con la m ano m ientras Travis m e llevaba por el pasillo. El viernes después de clase, Am erica y y o pasam os la tarde en el centro, arreglándonos y m im ándonos. Nos hicieron la m anicura y la pedicura, nos depilaron con cera el vello que sobraba, nos bronceam os y nos hi- cim os m echas. Cuando volvim os al apartam ento, todas las superficies estaban cubiertas de ram os de rosas. Roj as, rosas, amarillas y blancas: parecía una floristería. —¡Oh, Dios m ío! —gritó Am erica cuando entró por la puerta. Shepley m iró a su alrededor, orgulloso. —Fuim os a com praros flores, pero los dos pensam os que un solo ram o no era suficiente. Abracé a Travis. —Chicos sois…, sois increíbles. Gracias. Me dio una palm adita en la trasero. —Treinta m inutos para irnos a la fiesta, Palom a. Los chicos se vistieron en la habitación de Travis, m ientras noso- tras nos m etíam os en nuestros vestidos en la de Shepley. Justo cuando m e ponía m is zapatos de tacón plateados, llam aron a lapuerta.