Muchas gracias, capullo.
—Quizá ahora dej es de hablar de eso —dij o burlón Shepley.
Me serví un chupito de whisky en un vaso, eché la cabeza hacia atrás
y m e lo bebí de un solo trago. Torcí el gesto cuando el líquido m e quem
ó al baj ar por la garganta.
Travis m e envolvió dulcem ente con sus brazos por la cintura desde
atrás.
—No te estoy pidiendo que nos casem os, Palom a. Solo son tatuaj es.
—Lo sé —dij e, asintiendo m ientras m e servía otra copa.
Travis m e quitó la botella de la m ano y enroscó el tapón antes de
volver a guardarla en el arm arito. Cuando no m e volví, m e m ovió por
las caderas para que lo m irara de frente.
—Está bien. Debería habértelo dicho antes, pero decidí com prar el
sofá, y una cosa m e llevó a la otra. Me pudo la emoción.
—Esto va m uy rápido para m í, Travis. Has hablado de que vivam os
j untos, acabas de tatuarte m i nom bre, m e estás diciendo que m e am
as…, todo esto va muy…rápido.
Travis torció el gesto.
—Estás alucinando. Te he pedido que no lo hicieras.
—Es com plicado no hacerlo. ¡Has descubierto lo de m i padre, y todo
lo que sentías antes se ha m agnificado de golpe!
—¿Quién es tu padre? —preguntó Shepley, claram ente disgustado
por no seguir la conversación. Cuando ignoré su pregunta, suspiró—.
¿Quién es su padre?
—preguntó a Am erica, que dij o que no con la cabeza, displicente.
La expresión de la cara de Travis se retorció con disgusto.
—Lo que siento por ti no tiene nada que ver con tu padre.
—Mañana vam os a ir a esa superfiesta de citas. Se supone que será
el gran
m om ento en el que anunciarem os nuestra relación, o algo
así, y ahora vas y te tatúas m i nom bre en el brazo y ese proverbio sobre
cóm o nos pertenecem os el uno al otro. Es para alucinar, ¿vale? ¡Así que
estoyalucinando!
Travis m e cogió la cara y m e besó en la boca; después m e levantó
del suelo y m e dej ó sobre la encim era. Su lengua pidió entrar en m i
boca y, cuando la dejéentrar,gimió.