cia m í con el ceño fruncido—. Te am o y quiero que todo el m undo sepa
que soy tuy o.
Me m oví inquieta.
—Eso es perm anente, Travis.
—Y tam bién lo nuestro —dij o él, acariciándom e la m ej illa.
—Enséñale el resto —dij o Shepley.
—¿El resto? —dij e, m irándole la otra m uñeca.
Travis se levantó y se subió la cam iseta, dej ando al descubierto
sus im presionantes abdom inales, que se estiraban y tensaban con el
m ovim iento. Travis se dio la vuelta y en el costado tenía otro tatuaj e
reciente que se extendía por lascostillas.
—¿Qué es eso? —pregunté, entrecerrando los oj os para m irar los
sím bolos verticales.
—Es hebreo —dij o Travis con una sonrisa nerviosa.
—¿Qué significa?
—Pone: « Pertenezco a m i am ada, y m i am ada a m í» . Mis oj os se
clavaron en los suy os.
—¿No te bastaba con un tatuaj e, sino que has tenido que hacerte dos?
—Es algo que siem pre dij e que haría cuando conociera a la Chica
adecuada.
Te he conocido…, así que fui a hacerm e los tatuaj es.
Su sonrisa desapareció cuando vio la expresión de m i cara.
—Estás cabreada, ¿no? —dij o él, m ientras se baj aba la cam iseta.
—No estoy enfadada. Es que… es un poco abrum ador. Shepley acer-
có a Am erica y la estrechó con un brazo.
—Será m ej or que te acostum bres y a, Abby. Travis es im pulsivo y
va hasta el final con todo. Esto le ay udará a sobrevivir hasta que pueda
ponerte un anillo en el dedo.
Am erica enarcó las cej as, m e m iró a m í y luego a Shepley.
—Pero ¿qué dices? ¡Si acaban de em pezar a salir!
—Me…, m e parece que necesito una copa —dij e, de cam ino a la
cocina. Travis se rio, m ientras m e observaba rebuscar en los arm arios.
—Está de brom a, Palom a.
—¿Ah, sí? —preguntó Shepley.
—No hablaba de ningún m om ento próxim o —dij o Travis, inten-
tando quitar hierro a la situación. Se volvió hacia Shepley y farfulló—: