Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 212

éssobrelosblandoscojines. —¿Has com prado uno nuevo? —pregunté con una sonrisa de orej a a orej a. —Sí, y he hecho un par de cosas m ás. Gracias, chicos —dij o, m ientras los transportistas levantaban el viej o sofá y se iban por donde habían venido. —Ahí se van un m ontón de recuerdos —ironicé. —Ninguno que quiera recordar. —Se sentó a m i lado y suspiró, ob- servándom e durante un m om ento antes de quitarse el esparadrapo que suj etaba la gasa de su brazo—. Por favor, te pido que noalucines. En m i m ente se agolparon la conj eturas sobre lo que podía ocultar ese vendaj e. Me im aginé una quem adura, o puntos, o alguna otra cosa igual de truculenta. Apartó el vendaj e y y o ahogué un grito al ver el sim ple tatuaj e negro sobre la parte interior de su m uñeca; la piel de alrededor todavía estaba roj a y brillante por el antibiótico que se había untado. Sacudí la cabeza sin poder creer la palabra que estaba leyendo. Paloma —¿Te gusta? —m e preguntó. —¿Te has tatuado m i nom bre en la m uñeca? —dij e esas palabras, pero no reconocía m i propia voz. Mi m ente se dispersó en m últiples ideas, y aun así conseguí hablar con un tono de voz tranquilo y hom ogéneo. —Sí. Me besó en la m uñeca m ientras y o no dej aba de m irar la tinta perm anente ensupiel,sin creerloqueveíanmisojos. —Intenté disuadirlo, Abby. Lleva bastante tiem po sin com eter nin- guna locura. Creo que tenía m ono —dij o Shepley, sacudiendo la cabeza. —¿Qué te parece? —m e aprem ió Travis. —No sé qué pensar —dij e. —Deberías habérselo preguntado prim ero, Trav —dij o Am erica, m eneando la cabeza y tapándose la boca con los dedos. —¿Preguntarle qué? ¿Si podía hacerm e un tatuaj e? —Se volvió ha-