Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 211

—Oh, Dios m ío…, ¿qué? —pregunté. —Acabo de decir que no puedo decírtelo. Es una sorpresa. Me puse a j uguetear con el pelo y a m orderm e las uñas, incapaz de quedarm e quieta m ientras esperaba a que Travis m e desvelara su últim a sorpresa. Una fiesta de cum pleaños, un cachorro… No conseguía im aginarm e qué podía venirdespués. El poderoso m otor del Charger de Shepley anunció su llegada. Los chicos se reían m ientras subían las escaleras. —Están de buen hum or —dij e—. Es buena señal. Shepley entró el prim ero. —Es que quería que pensaras que había una razón para que él se hi- ciera uno, y y ono. Am erica se levantó para recibir a su novio y lo rodeó con sus brazos. —Qué tonto eres, Shep. Si quisiera un novio loco, saldría con Travis. —No tiene nada que ver con lo que siento por ti —añadió Shepley. Travis entró por la puerta con una gasa cuadrada en la m uñeca. Me sonrió y después se dej ó caer en el sofá, apoy ando la cabeza en m i regazo. No podía apartar la m irada del vendaj e. —A ver…, ¿qué has hecho? Travis sonrió y m e hizo agacharm e para besarlo. Notaba su nervio- sism o. En apariencia sonreía, pero tenía el claro convencim iento de que no estaba seguro de cóm o iba a reaccionar y o a lo que habíahecho. —He hecho unas cuantas cosas hoy. —¿Com o qué? —pregunté suspicaz. Travis se rio. —Tranquila, Palom a. Nada m alo. —¿Qué te ha pasado en la m uñeca? —dij e, m ientras le levantaba la m ano por los dedos. Un estruendoso m otor diésel se detuvo fuera y Travis se levantó de un salto del sofá para abrir la puerta. —¡Ya iba siendo hora! ¡Llevo en casa al m enos cinco m inutos! —dij o con unasonrisa. Un hom bre entró de espaldas y cargando un sofá fris cubierto de plástico, seguido por otro hom bre que suj etaba la parte trasera. Shepley y Travis m ovieron el antiguo sofá (conm igo y Toto todavía encim a) hacia delante y los hom bres dej aron el nuevo en su lugar. Travis quitó el plástico y después m e levantóenbrazos,dejándomedespu