—Nos vem os en la com ida —m e dij o con un guiño.
Me dej é caer en m i asiento y suspiré, m ientras intentaba controlar
el cosquilleo que sentía en los m uslos. Me concentré en el cálculo y,
cuando la clase acabó, vi a Parker de pie, apoy ado contra la pared, j unto
a la puerta.
—Parker —dij e, decidida a no reaccionar com o él esperaba que lo
hiciera.
—Sé que estás con él. No tiene que violarte delante de la clase entera
por m í. Me paré en seco y m e preparé para atacar.
—Entonces quizá deberías parar de contar a tus herm anos de la fra-
ternidad que te sigo llam ando. Estás forzando las cosas dem asiado, y no
m e darás ninguna lástim a cuando te patee elculo.
Arrugó la nariz.
—¿Te estás oy endo? Has pasado dem asiado tiem po con Travis.
—No, esta soy y o. Es solo un lado de m í del que no sabes nada.
—No se puede decir que m e dieras exactam ente una oportunidad,
¿no? — suspiró.
—No quiero pelearm e contigo, Parker. Sim plem ente no funcionó,
¿vale?
—No, no vale. ¿Crees que m e gusta ser el hazm erreír de Eastern?
Apreciam os a Travis Maddox porque nos hace quedar bien. Usa a las
chicas y las dej a tiradas, de m anera que hasta el m ay or capullo de
Eastern parece un príncipe azul a sulado.
—¿Cuándo vas a abrir los oj os y te vas a dar cuenta de que ahora
ha cambiado?
—No te quiere, Abby. Eres un j uguete nuevo y reluciente. Aunque,
después del num erito que ha m ontado en clase, supongo que y a no eres
tanreluciente.
Le pegué una sonora bofetada antes de darm e cuenta de lo que había
hecho.
—Si hubieras esperado dos segundos, podría haberte ahorrado el es-
fuerzo, Palom a —dij o Travis, interponiéndose.
Lo cogí por el brazo.
—Travis, no.
Parker pareció perder la calm a, m ientras una silueta roj a perfecta
de m i manosedibujabaensumejilla.