—Te había avisado —dij o Travis em puj ando a Parker violentam
ente contra lapared.
Las m andíbulas de Parker se tensaron y m e fulm inó con la m irada.
—Considera esto el final, Travis. Ahora veo que estáis hechos el uno
para el otro.
—Gracias —dij o Travis, pasándom e el brazo por encim a de los hom
bros.
Parker se apartó de la pared y rápidam ente dobló la esquina para baj
ar las escaleras, asegurándose con una rápida m irada de que Travis no
lo seguía.
—¿Estás bien? —preguntó Travis.
—Me pica la m ano. Sonrió.
—Menudo m al genio, Palom a. Estoy im presionado.
—Probablem ente m e dem andará y acabaré pagándole la m atrícula
de Harvard. ¿Qué haces aquí? Pensaba que nos veríam os en la cafetería.
Levantó uno de los lados de la boca en una sonrisa traviesa.
—No podía concentrarm e en clase. Todavía siento ese beso. Miré
hacia el pasillo y después lo m iré a él.
—Ven conm igo.
Juntó las cej as y sonrió.
—¿Para qué?
Cam iné hacia atrás y tiré de él hasta que sentí el m anillar de la puerta
del laboratorio de Física. La puerta se abrió y m iré detrás de m í para
com probar que estaba vacío y a oscuras. Tiré de su m ano, riéndom e
por su expresión confusa, y después cerré la puerta, em puj ándolo contra
ella.
Lo besé y se rio.
—¿Qué haces?
—No quiero que por m i culpa no puedas concentrarte en clase —dij
e, antes de besarlo denuevo.
Me levantó y lo envolví con las piernas.
—No estoy seguro de qué haría sin ti —dij o, suj etándom e con
una m ano, m ientras se desabrochaba el cinturón con la otra—, pero
no quiero averiguarlo jamás.Erestodoloquesiemprehequerido,Paloma.
—Acuérdate de eso cuando m e quede con todo tu dinero en la si-
guiente partidadepóquer—dije,mientrasmequitabalacamiseta.