Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Página 206

—¡Sigo siendo solo y o! —Me llevé la palm a de la m ano al pecho, desesperada por que m e comprendiera. —Sí, pero… —Pero nada. La form a en la que m e m iras ahora es precisam ente el m otivo por el que no te había contado nada. —Cerré los oj os—. No quiero vivir así nunca m ás, Trav. Ni siquiera contigo. —¡Eh! Cálm ate, Palom a. No saquem os las cosas de quicio. —Su m irada se centró y se acercó a abrazarm e—. No m e im porta qué eres o qué no eres. Te quiero sin m ás. —Entonces tenem os eso en com ún. Me llevó hasta la cam a son- riéndom e. —Som os tú y y o contra el m undo, Palom a. Me acurruqué a su lado. Nunca había planeado que alguien aparte de m í y de Am erica se enterara de lo de Mick, y nunca había esperado que m i novio perteneciera a una fam ilia de chiflados por el póquer. Solté un profundo suspiro y apreté la m ej illa contra su pecho. —¿Qué ocurre? —m e preguntó. —No quiero que nadie m ás lo sepa, Trav. Ni siquiera quería que tú lo supieras. —Te quiero, Abby. No volveré a m encionarlo, ¿vale? Tu secreto está a salvo conm igo —dij o, antes de darm e un beso en la frente. —Señor Maddox, ¿cree que podría reprim irse un poco hasta después de la clase? —dij o el profesor Chaney com o reacción a las risitas que m e provo- caban los besos de Travis en el cuello. Me aclaré la garganta, m ientras notaba que se m e ruborizaban las m ej illas de la vergüenza. —No estoy seguro, doctor Chaney. ¿Ha visto usted bien a m i chica? —dij o Travis, señalándom e. Las risas resonaron por toda la sala y noté que m e ardía la cara. El profesor Chaney m e m iró con una expresión entre divertida e incóm oda, y después sacudió la cabeza en dirección a Travis. —Haga lo que pueda —dij o Chaney. La clase volvió a reírse, y y o m e hundí en el asiento. Travis apoy