Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 205

—¿Enfadado contigo? —dij o él—. Estoy tan excitado que no puedo pensar con claridad. Acabas de robar a los gilipollas de m is herm anos su dinero sinpestañear, has alcanzado la categoría de ley enda con m i padre y sé a ciencia cierta que perdiste a propósito la apuesta que hicim os antes de m ipelea. —Yo no diría eso… Levantó el m entón. —¿Creías que ganarías? —Bueno…, no, la verdad es que no —dij e, m ientras m e quitaba los tacones. Travis sonrió. —Así que querías estar aquí conm igo. Creo que acabo de enam orarm e de ti otra vez. —¿Cóm o es posible que no estés enfadado? —le pregunté, m ientras guardaba los zapatos en el arm ario. Suspiró y asintió. —Es un asunto bastante im portante, Palom a. Deberías habérm elo contado. Pero com prendo por qué no lo hiciste. Viniste aquí escapando de todo eso. Pero ahora es com o si el cielo se hubiera despej ado…, todo cobra sentido. —Es un alivio. —El Trece de la Suerte —dij o él, sacudiendo la cabeza y quitándom e la cam iseta por lacabeza. —No m e llam es así, Travis. No es algo positivo. —¡Joder! ¡Eres fam osa, Palom a! —dij o él, sorprendido por m is palabras. Me desabrochó los pantalones y m e los baj ó hasta los tobillos, ay udándom e a salir de ellos. —Mi padre me odió después de eso. Todavía me culpa de sus problemas Travis se libró de su cam iseta y m e abrazó contra él. —Todavía no m e creo que la hij a de Mick Abernathy esté de pie delante de m í. Llevo contigo todo este tiempo y no tenía ni idea. Me aparté de él. —¡No soy la hij a de Mick Abernathy, Travis! Eso es lo que dej é atrás. Soy Abby. ¡Solo Abby ! —dij e, cam inando hacia el arm ario. Saqué una cam iseta de una percha y m e la puse. Él suspiró. —Lo siento. Soy un poco m itóm ano.