hermano.
—Es Abernathy, pero ¿qué im porta eso?
—Entiendo por qué no has atado cabos antes de esta noche, Trav,
pero ahora yanotienesexcusa—dijoThomas,conpetulancia.
—¿De qué coj ones estás hablando? —preguntó Travis.
—¿No tendrás algún tipo de relación con Mick Abernathy por casua-
lidad? — continuó Thom as.
Todos se volvieron para m irarm e y, nerviosa, m e eché el pelo hacia
atrás con los dedos.
—¿De qué conoces a Mick?
Travis giró la cabeza para m irarm e a la cara.
—Es uno de los m ej ores j ugadores de póquer de la historia. ¿Lo
conoces?
Cerré los oj os, consciente de que finalm ente m e habían arrinconado
sin otra opción que decir la verdad.
—Es m i padre.
La habitación estalló en gritos.
—¡No m e j odas!
—¡Lo sabía!
—¡Acabam os de j ugar con la hij a de Mick Abernathy !
—¿Mick Abernathy ? ¡Joder!
Thom as, Jim y Travis eran los únicos que no gritaban.
—Chicos, os advertí de que era m ej or que no j ugara —dij e.
—Si hubieras m encionado que eras la hij a de Mick Abernathy, te
habríam os tom ado m ás en serio —apuntó Thom as.
Me volví a m irar a Travis, que no salía de su asom bro.
—¿Eres el Trece de la Suerte? —preguntó, con m irada algo confusa.
Trenton se levantó y m e señaló, boquiabierto.
—¡El Trece de la Suerte está en nuestra casa! No puede ser. ¡Joder,
no puedo creérm elo!
—Ese fue el apodo que m e pusieron los periódicos. Y la historia
no era dem asiado precisa —dije inquieta.
—Tengo que llevar a Abby a casa, chicos —dij o Travis, observán-
dom e todavíaasombrado.Jimmemiróporencimadelasgafas.
—¿Por qué no era precisa?
—No le robé la suerte a m i padre. A ver, es ridículo —m e reí, retor-