Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 202

convirtió rápidam ente en una m ueca de disgusto. —Se acabó. Estaba siendo bueno contigo, Abby, pero pienso recupe- rar m i dinero, ahora m ism o —avisó Trenton. Travis se retiró en las últim as m anos, lim itándose a observar cóm o sus herm anos ponían todo su em peño en recuperar su dinero. Mano tras m ano, m e fui quedando con todas sus fichas y, m ano tras m ano, Thom as m e observaba con m ás atención. Cada vez que dej aba m is cartas sobre la m esa, Travis y Jim se reían, Tay lor lanzaba un j uram ento, Ty ler proclam aba su am or inm ortal por m í y a Trent le daba una trem endarabieta. Cam bié m is fichas y les di a cada uno sus cien dólares una vez que nos acom odam os en el salón. Jim se negó, pero los herm anos los acep- taron con gratitud.Travismecogiódelamanoycaminamoshacialapuerta. Me di cuenta de que estaba disgustado, así que le estreché la m ano. —¿Qué pasa? —¡Acabas de soltar cuatrocientos pavos, Palom a! —dij o Travis con el ceño fruncido. —Si fuera la noche del póquer en Sig Tau, m e los habría quedado, pero no puedo robar a tus herm anos la prim era vez que los veo. —¡Ellos se habrían quedado con tu dinero! —dij o él. —Y no m e habría quitado el sueño ni por un segundo tam poco —añadió Taylor. Thom as m e m iraba fij am ente en silencio desde la esquina de la habitación. —¿Por qué no le quitas los oj os de encim a a m i chica, Tom m y ? —¿Cóm o has dicho que te apellidabas? —preguntó Thom as. Me m oví con nerviosism o. Pensé frenéticam ente en alguna m anera ingeniosa o sarcástica de salirm e por la tangente, pero en lugar de eso m e m ordí las uñas nerviosa, m aldiciéndom e en silencio. Debería haber sido m ás lista y no haber ganado todas esas m anos. Thom as lo sabía. Lo veía en sus oj os. Al reparar en m i inquietud, Travis se volvió hacia su herm ano y m e pasó el brazo por la cintura. No estaba segura de si lo hacía para protegerm e o porque se estaba preparando para lo que pudiera decir su hermano. Travis se volvió, visiblem ente incóm odo ante la pregunta de su