Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 201

Cuatro m anos después, apuré lo que m e quedaba de cerveza y fruncí los oj os ante el único hom bre de la m esa que no se había retirado. —Tú decides, Tay lor. ¿Vas a ser un bebé o verás m i apuesta com o un hombre? —A la m ierda —dij o él, lanzando la últim a de sus fichas. Travis m e m iró m uy anim ado. Su expresión m e recordaba la del público de sus peleas. —¿Qué tienes, Palom a? —¿Tay lor? —le aprem ié. Una am plia sonrisa se dibuj ó en su rostro. —¡Escalera! —dij o sonriendo, m ientras dej aba las cartas boca arri- ba sobre la mesa. Cinco pares de oj os se volvieron a m í. Eché un vistazo a la m esa y entonces enseñé m is cartas de un golpe. —¡Miradlas y llorad, chicos! ¡Ases y ochos! —dij e, riéndom e. —¿Un full? ¿Cóm o coño es posible? —gritó Trent. —Lo siento. Siem pre había querido decir eso —añadí, m ientras re- cogía m is fichas. Thom as aguzó la m irada. —Esto no es solo la suerte del principiante. Esta chica sabe j ugar. Travis m iró a Thom as durante un m om ento y luego se volvió a m í. —¿Habías j ugado antes, Palom a? Apreté los labios y m e encogí de hom bros, m ostrando m i sonrisa m ás inocente. Travis echó la cabeza hacia atrás, estallando en carcaj adas. Intentaba hablar, pero no podía, y entonces golpeó la m esa con el puño. —¡Tu novia nos ha desplum ado! —dij o Tay lor, señalándom e. —¡Joder, no puede ser! —aulló Trenton, m ientras se levantaba. —Buen plan, Travis. Traer a una j ugadora consum ada a la noche de póquer —dij o Jim , guiñándom e el oj o. —¡No lo sabía! —exclam ó él, negando con la cabeza. —¡Gilipolleces! —dij o Thom as, sin quitarm e los oj os de encim a. —¡Que no, de verdad! —insistió entre carcaj adas. —Odio decirlo, herm ano, pero creo que acabo de enam orarm e de tu chica—confesó Ty ler. —¡Oy e, ándate con cuidadito! —am enazó Travis, cuy a sonrisa se