Cuatro m anos después, apuré lo que m e quedaba de cerveza y fruncí
los oj os ante el único hom bre de la m esa que no se había retirado.
—Tú decides, Tay lor. ¿Vas a ser un bebé o verás m i apuesta com
o un hombre?
—A la m ierda —dij o él, lanzando la últim a de sus fichas.
Travis m e m iró m uy anim ado. Su expresión m e recordaba la del
público de sus peleas.
—¿Qué tienes, Palom a?
—¿Tay lor? —le aprem ié.
Una am plia sonrisa se dibuj ó en su rostro.
—¡Escalera! —dij o sonriendo, m ientras dej aba las cartas boca arri-
ba sobre la mesa.
Cinco pares de oj os se volvieron a m í. Eché un vistazo a la m esa y
entonces enseñé m is cartas de un golpe.
—¡Miradlas y llorad, chicos! ¡Ases y ochos! —dij e, riéndom e.
—¿Un full? ¿Cóm o coño es posible? —gritó Trent.
—Lo siento. Siem pre había querido decir eso —añadí, m ientras re-
cogía m is fichas.
Thom as aguzó la m irada.
—Esto no es solo la suerte del principiante. Esta chica sabe j ugar.
Travis m iró a Thom as durante un m om ento y luego se volvió a m í.
—¿Habías j ugado antes, Palom a?
Apreté los labios y m e encogí de hom bros, m ostrando m i sonrisa m
ás inocente. Travis echó la cabeza hacia atrás, estallando en carcaj adas.
Intentaba hablar, pero no podía, y entonces golpeó la m esa con el puño.
—¡Tu novia nos ha desplum ado! —dij o Tay lor, señalándom e.
—¡Joder, no puede ser! —aulló Trenton, m ientras se levantaba.
—Buen plan, Travis. Traer a una j ugadora consum ada a la noche de
póquer
—dij o Jim , guiñándom e el oj o.
—¡No lo sabía! —exclam ó él, negando con la cabeza.
—¡Gilipolleces! —dij o Thom as, sin quitarm e los oj os de encim a.
—¡Que no, de verdad! —insistió entre carcaj adas.
—Odio decirlo, herm ano, pero creo que acabo de enam orarm e de tu
chica—confesó Ty ler.
—¡Oy e, ándate con cuidadito! —am enazó Travis, cuy a sonrisa se