—Es un placer conocerte, Abby —dij o Thom as, con una sonrisa.
—Un auténtico placer —siguió Trent, pegándom e un repaso descara-
do. Jim le dio una collej a y él soltó un quej ido.
—¿Qué he dicho? —preguntó él, frotándose la nuca.
—Siéntate, Abby. Mira cóm o desplum am os a Trav —dij o uno
de los gem elos. Era incapaz de decir cuál, porque eran unas copias exac-
tas el uno del otro,inclusosustatuajesencajaban.
La habitación estaba salpicada de fotos antiguas de partidas de pó-
quer, de ley endas del j uego posando con Jim y con quien supuse que se-
ría el abuelo de Travis, y en los estantes había baraj as de cartasantiguas.
—¿Conoció a Stu Unger? —pregunté, señalando una foto polvorien-
ta. A Jim se le ilum inó la m irada.
—¿Sabes quién es Stu Unger? Asentí.
—Mi padre tam bién es adm irador suy o. Se levantó y señaló la foto
de al lado.
—Y ese es Doy le Brunson. —Sonreí—. Mi padre lo vio j ugar una
vez. Es increíble.
—El abuelo de Trav era un profesional. Aquí nos tom am os el póquer
m uy en serio —dij o Jim sonriendo.
Me senté entre Travis y uno de los gem elos, m ientras Trenton baraj
aba las cartas con cierta habilidad. Los chicos entregaron su efectivo y
Jim se lo cam bió por fichas.
Trenton enarcó una cej a.
—¿Quieres j ugar, Abby ? —Sonreí educadam ente y dij e que no con
la cabeza.
—No creo que deba.
—¿Es que no sabes? —preguntó Jim .
No pude reprim ir una sonrisa. Jim parecía m uy serio, casi paternal.
Sabía qué respuesta esperaba y odiaba tener que decepcionarlo. Travis
m e dio un beso en lafrente.
—Venga, j uega… Te enseñaré.
—Será m ej or que te despidas y a de tu dinero, Abby —dij o Thom
as con una carcaj ada.
Apreté los labios y saqué dos billetes de cincuenta de la cartera. Se
los entregué a Jim y esperé pacientem ente a que m e entregara las fichas.
Trenton sonrió con desdén, pero loignoré.