Resoplé y fui corriendo a su habitación para ponerm e un par de za-
patos de tacón y después cogí a Travis de la m ano, m ientras m e llevaba
hasta la puerta. Me detuve, m e subí la crem allera de la chaqueta negra
de cuero y m e recogí el pelo en un m oño apretado, preparándom e para
el agitado tray ecto hasta la casa de supadre.
—Cálm ate, Palom a. Solo serem os un grupo de tíos sentados alre-
dedor de una m esa.
—Es la prim era vez que voy a ver a tu padre y a tus herm anos…, y
todo a la vez… ¿Y quieres que m e calm e? —dij e, subiéndom e a la m
oto tras él.
Giró el cuello, m e tocó la m ej illa y m e besó.
—Los vas a enam orar, igual que a m í.
Cuando llegam os, m e solté el pelo y lo peiné con los dedos unas
cuantas veces antes de que Travis m e hiciera cruzar lapuerta.
—¡Vay a, vay a! ¡Pero si es el caraculo! —gritó uno de los chicos.
Travis asintió una vez. Intentó poner cara de enfado, pero podía notar
que estaba em ocionado de ver a sus herm anos. La casa era antañona,
em papelada de un color am arillo y m arrón desvaído, y había una alfom
bra de pelo largo de diferentes tonos de m arrón. Cruzam os un pasillo
que daba directam ente a una habitación con la puerta abierta de par en
par. El hum o salía hasta el vestíbulo, y sus herm anos y su padre estaban
sentados a una m esa de m adera, redonda, con sillas diferentes.
—Oy e…, vigila lo que dices delante de la señora —pidió su padre,
con un puro en la boca, que se m ovía de arriba abaj o m ientrashablaba.
—Palom a, este es m i padre, Jim Maddox. Papá, esta es Palom a.
—¿Palom a? —preguntó Jim , con una expresión de extrañeza.
—Abby —dij e, m ientras le estrechaba la m ano. Travis señaló a sus
herm anos.
—Trenton, Tay lor, Ty ler y Thom as.
Todos asintieron y, excepto Thom as, todos parecían versiones m ay
ores de Travis; pelo rapado, oj os m arrones, cam isetas estrechas que
resaltaban sus m úsculos abultados y cubiertos de tatuaj es. Thom as
llevaba una cam isa de vestir y una corbata desanudada, tenía los oj os
verde avellana y el pelo rubio oscuro, un poco más largo.
—¿Y Abby tiene apellido? —preguntó Jim .
—Abernathy —respondí asintiendo.