—Espero que esto vay a bien. No creo que llegue a cansarm e de ti j
am ás.
—¿Me lo prom etes? —preguntó, sonriendo.
Su teléfono vibró sobre la m esita de noche y sonrió, m ientras se lo
llevaba a la oreja.
—¿Diga?… Oh, j oder, no. Estoy aquí con Palom a. Nos estábam os
preparando para ir a la cam a… Cierra la puta boca, Trent, no tiene gra-
cia… ¿De verdad? ¿Qué hace en la ciudad? —Me m iró y suspiró—. Está
bien. Estarem os allí dentro de m edia hora… Ya m e has oído, capullo.
Porque no voy a ninguna parte sin ella, por eso. ¿Quieres que te parta la
cara cuando llegue? —Travis colgó y sacudió lacabeza.
Enarqué una cej a.
—Esa ha sido la conversación m ás rara que he oído j am ás.
—Era Trent. Thom as está en la ciudad y han organizado una noche
de póquer en casa de m i padre.
—¿Noche de póquer? —Tragué saliva.
—Sí, norm alm ente se quedan con todo m i dinero. Son unos
cabrones tramposos.
—¿Voy a conocer a tu fam ilia dentro de m edia hora?
—Dentro de veintisiete m inutos, para ser exactos.
—¡Oh, Dios m ío, Travis! —aullé, saltando de la cam a.
—¿Qué haces? —dij o con un suspiro.
Rebusqué en el arm ario y saqué un par de pantalones vaqueros; m e
los puse dando saltitos, y después m e quité el cam isón por la cabeza y
se lo tiré a Travis a la cara.
—¡No puedo creer que m e avises de que voy a conocer a tu fam ilia
con veinteminutosdeantelación!¡Podríamatarteahoramismo!
Se quitó el cam isón de los oj os y se rio ante m i intento desesperado
por estar presentable. Cogí una cam iseta negra de cuello en pico y m e la
puse bien, después corrí al baño, m e lavé los dientes y m e pasé el cepi-
llo por el pelo. Travis apareció detrás de m í, com pletam ente vestido y
preparado, y m e rodeó con sus brazos por lacintura.
—¡Estoy hecha un asco! —dij e, con el gesto torcido delante del
espejo.
—¿No te das cuenta de lo guapa que estás? —m e preguntó él, besán-
dom e en elcuello.