—¿A qué te refieres?
—Has estado con m uchas m uj eres y siem pre te has negado a apun-
tar tan siquiera un núm ero de teléfono…, ¿por qué y o?
—¿A qué viene esa pregunta? —dij o él, m ientras m e acariciaba la
m ej illa con elpulgar.
Me encogí de hom bros.
—Solo tengo curiosidad.
—¿Y por qué y o? Tienes a la m itad de los hom bres de Eastern espe-
rando a que y o la fastidie contigo.
Arrugué la nariz.
—Eso no es verdad. No cam bies de tem a.
—Claro que es cierto. Si no hubiera estado persiguiéndote desde prin-
cipios de curso, habrías tenido a m ás chicos siguiéndote por ahí, adem ás
de Parker Hay es. Élsim plem ente está dem asiado pagado de sí m ism o
com o paratenerm e m iedo.
—¡No haces m ás que esquivar m i pregunta! ¡Y m uy m al, añadiría!
—¡Vale, vale! ¿Que por qué tú? —Una sonrisa se extendió en su
cara,m ientras se agachaba hasta que sus labios tocaron los m íos—. Me
sentí atraído hacia ti desde la noche de aquella prim erapelea.
—¿Cóm o? —dij e con una expresión de duda.
—Sí. ¿Allí en m edio, con esa chaqueta de punto m anchada de san-
gre? Estabas absolutam ente ridícula —dij o riéndose.
—Gracias.
Su sonrisa desapareció.
—Fue cuando levantaste la m irada hacia m í. Ese fue el m om ento
preciso. Me m iraste con los oj os abiertos de par en par, con inocencia…,
sin fingim ientos. No m e m iraste com o si fuera Travis Maddox —dij o
él, poniendo los oj os en blanco al oír sus propias palabras—. Me m iraste
com o si fuera…, no sé…, una persona, supongo.
—Últim a hora, Trav. Eres una persona. Me apartó el pelo de la cara.
—No, antes de que llegaras, Shepley era el único que m e trataba
con norm alidad. No te acobardaste, ni intentaste flirtear, ni te pasaste el
pelo por la cara.Simplementemeviste.
—Fui una com pleta zorra contigo. Me besó en el cuello.
—Eso es lo que acabó de sellar el trato.
Deslicé las m anos por su espalda hasta el interior de sus calzoncillos.