Capítulo 12
Hechos el uno para el otro
Me m etí una pastillita blanca en la boca y m e la tragué con un gran vaso
de agua. Estaba de pie en m edio del dorm itorio de Travis, en suj etador
y bragas, preparándom e para ponerm e el pij am a.
—¿Qué es eso? —preguntó Travis desde la cam a.
—Eh…, m i píldora. Frunció el ceño.
—¿Qué píldora?
—La píldora, Travis. Todavía tienes que volver a rellenar tu caj ón y
lo últim o que necesito es preocuparm e de si m e va a venir la regla o no.
—Ah.
—Uno de nosotros tiene que ser responsable —dij e, enarcando una
cej a.
—Santo cielo, qué sexi estás —dij o Travis, apoy ando la cabeza en
la m ano—.
La m uj er m ás guapa de Eastern es m i novia. Menuda locura.
Puse los oj os en blanco e introduj e la cabeza por el cam isón de seda
púrpura, j usto antes de m eterm e en la cam a a su lado. Me senté a horcaj
adas sobre su regazo y le besé el cuello; solté una risita tonta cuando dej
ó caer la cabeza contra elcabecero.
—¿Otra vez? Vas a acabar conm igo, Palom a.
—No puedes m orirte —dij e, m ientras le cubría la cara de besos—.
Tienes demasiadomalgenio.
—¡No, no puedo m orirm e porque hay dem asiados gilipollas pe-
leándose a em puj ones por ocupar m i lugar! Podría vivir para siempre
solo para fastidiarlos.
Solté una risita contra su boca y él m e puso boca arriba. Deslizó el
dedo baj o el delicado lazo púrpura que tenía sobre el hom bro, y m e lo
baj ó por el brazo, m ientras m e besaba la piel que dejaba libre tras él.
—¿Por qué y o, Trav?
Se inclinó hacia atrás, buscando m i m irada.