Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Seite 194

Dij e que no con la cabeza y su m irada se perdió por la pared hasta llegar al techo. Casi podía oír los engranaj es en el interior de su cabeza. —¿Qué estás m aquinando? —pregunté entrecerrando los oj os. —Intento pensar en otra apuesta.