—Tal vez sea así —dij e, resistiéndom e a que m e chafara el buen
hum or.
—¿No te preguntas a qué se debe? A ver…, se ha traj inado a la m itad
de las chicas del cam pus. ¿Por qué tú?
—Dice que soy diferente.
—Por supuesto que sí, pero ¿por qué?
—¿Y a ti qué m ás te da? —le espeté y o.
—Es peligroso necesitar tanto a alguien. Tú intentas salvarlo y él
espera que lo hagas. Sois un auténticodesastre.
—Me da igual qué es o por qué ha surgido. Cuando todo va bien,
Kara…, es maravilloso.
Ella puso los oj os en blanco.
—No tienes rem edio.
Travis llam ó a la puerta y Kara lo dej ó entrar.
—Voy a la sala de estudio com ún. Buena suerte —dij o con la voz m
ás falsa que podía im postar.
—¿A qué venía eso? —preguntó Travis.
—Me ha dicho que som os un desastre.
—Dim e algo que no sepa —dij o sonriendo.
De repente, centró la m irada y m e besó la suave piel de detrás de la
orej a.
—¿Por qué no vienes a casa conm igo?
Apoy é la m ano en su nuca y suspiré al notar sus suaves labios contra
la piel.
—Creo que m e voy a quedar aquí. Estoy constantem ente en tu apar-
tam ento. Levantó de golpe la cabeza.
—¿Y qué? ¿No te gusta estar allí?
Le toqué la m ej illa y suspiré. Se preocupaba m uy rápidam ente.
—Claro que sí que m e gusta, pero no vivo allí. Me recorrió el cuello
con la punta de la nariz.
—Te quiero allí. Te quiero allí todas las noches.
—No pienso m udarm e contigo —dij e negando con la cabeza.
—No te he pedido que te m udes conm igo. He dicho que quiero que
estés allí.
—¡Es lo m ism o! —dij e riéndom e. Travis frunció el ceño.
—¿De verdad no vas a quedarte conm igo esta noche?