Maravilloso desastre Maravilloso Desastre | Page 190

ahora m ism o veo banderas roj as por todas partes! —Nunca he pegado a una chica en m i vida —dij o él, sorprendido por m is palabras. —¡Y no estoy dispuesta a ser la prim era! —añadí, tirando de la puerta—. ¡Apártate, j oder! Travis asintió y después dio un paso atrás. Me senté al lado de Am eri- ca y cerré de un golpe la puerta. Echó m archa atrás, y Travis se inclinó a m irarm e a por laventanilla. —¿Me llam arás m añana, verdad? —suplicó, con la m ano en el parabrisas. —Vám onos y a, Mare —dij e, negándom e a m irarlo a los oj os. La noche fue larga. No dej é de m irar el reloj , y m e sentía m al cada vez que veía que había pasado otra hora. No podía dej ar de pensar en Travis y en si lo llam aría o no, preguntándom e si él tam bién estaría despierto. Finalm ente, com o últim o recurso, m e puse los auriculares del iPod en los oídos y escuché todas las canciones repugnantes de m i lista de reproducción a todo volumen. Cuando m iré el reloj por últim a vez, eran m ás de las cuatro. Los páj aros cantaban y a j unto a m i ventana, y sonreí cuando em pecé a notar los oj os pesados. Parecía que habían pasado solo unos m inutos cuando oí que llam aban a la puerta, y Am erica irrum pió en lahabitación. Me quitó los auriculares de los oídos y se dej ó caer en m i silla de escritorio. —Buenos días, encanto. Tienes un aspecto horrible —dij o ella. De su boca, salió una burbuj a rosa, que hizo estallar ruidosam ente. —¡Cierra el pico, Am erica! —dij o Kara desde debaj o de las sábanas. —Te das cuenta de que es inevitable que dos personas de carácter, com o Trav y tú, se peleen, ¿no? —dij o Am erica, m ientras se lim aba las uñas, sin dej ar de m ascar una enorm e bola dechicle. Me giré en la cam a. —Estás oficialm ente despedida. Eres una conciencia terrible. Se rio. —Es que te conozco; si te diera m is llaves ahora m ism o, irías con- duciendo hasta allí. —Desde luego que no. —Lo que tú digas —contestó en tono cantarín.