Asentí una vez.
—Está bien. Ahora ignoras a todas las m uj eres. Lo pillo. Debería
hacer el mismoesfuerzo.
—Eso estaría bien —dij o, intentando claram ente controlar su
carácter.
Resultaba un poco desconcertante estar en el lado m alo de su ira. Los
oj os le brillaban todavía de rabia, y un ansia innata de contraatacar se
apoderó de m í.
—Vas a tener que controlar ese rollo del novio celoso, Travis, no he
hecho nada malo.
Travis m e lanzó una m irada de incredulidad.
—¡Pero si he llegado aquí y m e he encontrado con que un tío te esta-
ba invitando a una copa!
—¡No le grites! —dij o Am erica.
Shepley apoy ó la m ano en el hom bro de Travis.
—Todos hem os bebido m ucho. Salgam os de aquí.
En esta ocasión, la habitual influencia calm ante de Shepley había
perdido su efecto en Travis, y m e agobió que su rabieta hubiera acabado
con nuestra noche.
—Tengo que avisar a Finch de que nos vam os —gruñí, dej ando atrás
a Travis de cam ino a la pista de baile.
Una m ano cálida m e rodeó la m uñeca. Me giré en redondo y vi a
Travis agarrándom e sin ningún tipo de arrepentim iento.
—Iré contigo.
Retorcí el brazo para librarm e de su suj eción.
—Soy totalm ente capaz de cam inar unos pocos m etros y o sola,
Travis. ¿Qué problem a tienes?
Vislum bré a Finch en el centro y m e abrí paso a em puj ones hasta él.
—¡Nos vam os!
—¿Qué? —gritó Finch por encim a de la m úsica.
—¡Travis está de un hum or de perros! ¡Nos vam os!
Finch puso los oj os en blanco y sacudió la cabeza, a la vez que m e
decía adiós con la m ano m ientras m e alej aba de la pista de baile. Justo
cuando había localizado a Am erica y a Shepley, un hom bre disfrazado
de pirata tiró de m í haciaatrás.
—¿Adónde crees que vas? —sonrió él, m ientras chocaba contra m í.