—No, gracias. Estoy aquí con m i…
—Novio —dij o Travis, apareciendo de la nada.
Lanzó una m irada asesina a los hom bres que estaban delante de no-
sotros, y estos se alej aron un poco, claram ente intim idados.
Am erica no pudo contener su sonrisa petulante cuando Shepley la
rodeó con el brazo. Travis señaló el otro lado dellocal.
—Largaos, ¿a qué esperáis?
Los hom bres nos m iraron a Am erica y a m í, y después dieron unos
cuantos pasos hacia atrás antes de refugiarse en la seguridad de la m
ultitud.
Shepley besó a Am erica.
—¡No puedo llevarte a ningún sitio!
Ella soltó una risita tonta y y o sonreí a Travis, que m e m iraba
furibundo.
—¿Qué pasa?
—¿Por qué les habéis dej ado que os pagaran las bebidas?
Am erica se soltó de Shepley, reparando en el m al hum or de Travis.
—No les hem os dej ado, Travis. Yo m ism a les dij e que no lo hicie-
ran. Travis m e cogió la botella que suj etaba en la m ano.
—Entonces, ¿qué es esto?
—¿Lo dices en serio? —pregunté.
—Sí, lo digo m uy en serio —dij o m ientras tiraba la cerveza a la
papelera que había j unto a la barra—. Te lo he dicho cien veces…: no
puedes aceptar bebidas de cualquier tío. ¿Y si te han echadoalgo?
Am erica levantó su bebida.
—No hem os perdido de vista las bebidas en ningún m om ento. Te
estás pasando.
—No estoy hablando contigo —dij o Travis, m irándom e fij am ente
a los oj os.
—¡Oy e! —dij e, enfadada—. No le hables así.
—Travis —le avisó Shepley —, déj alo y a.
—No m e gusta que aceptes que otros tíos te inviten a copas —dij o
Travis. Levanté una cej a.
—¿Intentas iniciar una pelea?
—¿Te gustaría llegar a la barra y verm e com partir alguna copa con
una chica?