MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 95

www.lecturaycinecr.blogspot.com sangre se leía la preocupación, lo que solo servía para multiplicar mi mal humor. —¡No, no fuiste un rata conmigo! Tú…, nosotros… —me tapé los ojos con las manos y luego me quedé helada cuando sentí la mano de Travis en la muñeca. —¿De dónde ha salido esto? —dijo, mirando airado la pulsera. —Es mía —dije separándome de él. No apartaba los ojos de mi muñeca. —Nunca antes la había visto. Parece nueva. —Lo es. —¿De dónde la has sacado? —Parker me la dio hace unos quince minutos —dije, viendo cómo su cara pasaba de la confusión a la rabia. —¿Qué coño hacen aquí las cosas de ducha? ¿Ha pasado la noche aquí? —preguntó, elevando la voz con cada pregunta. Me crucé de brazos. —Fue a comprar algo por mi cumpleaños esta mañana y lo trajo. —Todavía no es tu cumpleaños. —Se le puso la cara de color rojo oscuro mientras intentaba mantener los nervios bajo control. —No podía esperar —dije, levantando el mentón con orgullo tenaz. —No me extraña que tuviera que sacarte a rastras de su coche, parece como si estuvieras… —Fue bajando la voz y apretando los labios. Entrecerré los ojos. —¿Qué? ¿Como si estuviera qué? Se le tensaron las mandíbulas y respiró profundamente, exhalando por la nariz. —Nada. Todavía estoy cabreado e iba a decir algo repugnante que en realidad no pienso. —Eso no te pasaba antes. —Lo sé. Eso mismo estaba pensando —dijo, mientras caminaba hacia la puerta—. Te dejo para que te vistas. Cuando agarró el pomo de la puerta se paró, frotándose el brazo. En cuanto los dedos tocaron la parte que debía de estar amoratada, se subió la manga y vio el moretón. Se quedó mirándolo un momento y se volvió hacia mí. —Me caí escaleras abajo anoche. Y me ayudaste a ir a la cama… —dijo, conforme cribaba las imágenes borrosas que debía de tener en su cabeza. El corazón me latía con fuerza y me costó tragar saliva cuando comprobé que de golpe caía en la cuenta de lo ocurrido. Entrecerró los ojos. —Nosotros… —comenzó, dando un paso hacia mí, mirando el armario y luego la cama. —No, no lo hicimos. No ocurrió nada —dije, al tiempo que negaba con la cabeza. 95