MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 94

www.lecturaycinecr.blogspot.com America me levantó la muñeca. —¡Mira lo que le ha regalado Parker por su cumpleaños! Shepley miró con ojos entreabiertos y luego se le salieron de las órbitas. —¡Guau! —Sí, ¿verdad? —dijo America asintiendo. Travis apareció tambaleándose en un extremo de la habitación, parecía bastante hecho polvo. —Tíos, hacéis un ruido de cojones —se quejó mientras se abotonaba los vaqueros. —Disculpa —dije, liberando la mano de la sujeción de America. Nuestro casi encuentro de la noche anterior me vino a la cabeza y me parecía que no podía mirarlo a los ojos. De un trago se bebió lo que quedaba de mi zumo de naranja y luego se secó la boca con la mano. —¿Quién coño me dejó beber tanto ayer por la noche? America lo miraba con desprecio —Tú solito. Te fuiste y compraste una botella de licor después de que Abby saliera con Parker, y te la tomaste entera antes de que ella volviera. —Maldita sea —dijo, meneando la cabeza —¿Te lo pasaste bien? —preguntó mirándome. —¿Lo dices en serio? —solté, mostrando rabia sin pensármelo dos veces. —¿Qué? America se rio. —La sacaste a la fuerza del coche de Parker, rojo de ira cuando los pescaste montándoselo como dos críos de instituto. ¡Habían empañado los cristales de las ventanas y todo! Los ojos de Travis se desenfocaron, intentando recordar algo de la noche anterior. Yo hice esfuerzos para contener mi mal humor. Si no se acordaba de que me ha bía sacado del coche, tampoco se acordaría de lo cerca que estuve de entregarle mi virginidad en bandeja de plata. —¿Cómo de cabreada estás? —preguntó haciendo un gesto de disgusto. —Bastante cabreada La verdad es que estaba más enfadada por el hecho de que mis sentimientos no tuvieran que ver en absoluto con lo que había ocurrido con Parker. Me ajusté la bata y salí furiosa del salón. Travis me siguió inmediatamente. —Paloma —dijo, mientras sujetaba la puerta que yo le había cerrado en la cara. Lentamente, la empujó hasta abrirla y se quedó de pie delante de mí esperando que lo increpase movida por mi ira. —¿Recuerdas algo de lo que me dijiste anoche? —pregunté. —No. ¿Por qué? ¿Me comporté como una rata? —En sus ojos inyectados en 94