MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 93

www.lecturaycinecr.blogspot.com —Parker —susurré. —¿Te gusta? —dijo con su deslumbrante sonrisa. —Sí —dije, mientras lo sostenía delante de mí, asombrada—, pero es demasiado. No podría aceptar esto aunque hubiera estado saliendo un año contigo, y mucho menos después de una semana. Parker gesticuló. —Pensé que dirías eso. He buscado arriba y abajo toda la mañana para encontrar un regalo de cumpleaños perfecto y, cuando vi esto, supe que solo hay un sitio donde pueda estar —dijo, cogiéndolo de mis manos y abrochándomela alrededor de la muñeca—. Y tenía razón. Te queda increíble. Levanté la muñeca y moví la cabeza, hipnotizada por el brillo y el color de las piedras a la luz del sol. —Es la cosa más bonita que he visto en mi vida. Nadie jamás me ha dado algo tan… —caro me vino a la cabeza, pero no quería decir eso— … elaborado. No sé qué decir. Parker se rio y luego me besó en la mejilla. —Di que te lo pondrás mañana. Sonreí de oreja a oreja. —Me lo pondré mañana —dije, mirándome la muñeca. —Estoy encantado de que te guste. La mirada en tu cara merece el esfuerzo de las siete tiendas que he recorrido. Suspiré. —¿Has ido a siete tiendas? —Asintió con la cabeza, y yo cogí su cara con mis manos—. Gracias. Es perfecto —dije, dándole un beso rápido. Me abrazó. —Tengo que irme. Voy a comer con mis padres, pero te llamaré más tarde, ¿de acuerdo? —Vale. ¡Gracias! —Le grité mientras lo veía salir corriendo escaleras abajo. Me metí deprisa en el apartamento, incapaz de apartar los ojos de mi muñeca. —¡Joder, Abby! —dijo America cogiéndome la mano—. ¿De dónde has sacado esto? —Me lo ha traído Parker. Es mi regalo de cumpleaños —dije. La mirada de America, que seguía boquiabierta, pasaba de mí a la pulsera. —¿Te ha comprado una pulsera de diamantes del tamaño de una muñequera de tenis? ¿Después de una semana? ¡Si no te conociera bien, diría que tienes una entrepierna mágica! Me reí en alto y empecé una fiesta ridícula de risitas en la sala de estar. Shepley salió de su dormitorio con aspecto cansado y satisfecho. —A ver, chifladas, ¿de qué os reís tanto? 93