www.lecturaycinecr.blogspot.com
—Desde el instante en que la palabra virgen ha salido de esos bonitos labios
tuyos…, he tenido la urgencia de ayudarte a quitarte el vestido.
—Qué mal. Estabas dispuesto a matar a Parker por lo mismo hace veinte
minutos, así que no seas hipócrita.
—¡Que se joda Parker! No te conoce como yo.
—Venga, Trav. Quítate la ropa y métete en la cama.
—Eso te digo yo —dijo ahogando unas risas.
—¿Cuánto has bebido? —pregunté, consiguiendo finalmente meter el pie
entre sus piernas.
—Bastante —sonrió mientras tiraba del dobladillo de mi vestido.
—Probablemente, más de cuatro litros —dije, mientras le apartaba la mano.
Me puse de rodillas en el colchón junto a él y le quité la camisa por la
cabeza. Intentó cogerme otra vez y le agarré la muñeca, notando el hedor acre en el
ambiente.
—Jo, Trav, apestas a Jack Daniels.
—Jim Beam —me corrigió, sin poder sostener la cabeza a causa del alcohol.
—Huele a madera quemada y a productos químicos.
—Sabe a eso también. —Se rio. De un tirón le desabroché la hebilla del
cinturón y lo saqué de las trabillas. Se rio con el movimiento propiciado por el
tirón, y luego levantó la cabeza y me miró—. Mejor guarda tu virginidad, Paloma.
Sabes que me gusta lo difícil.
—Cállate —dije, mientras le desabotonaba los vaqueros y los deslizaba
caderas abajo, antes de sacárselos por las piernas. Tiré el vaquero al suelo y me
quedé en pie con las manos en las caderas respirando con fuerza. Le colgaban las
piernas fuera de la cama, tenía los ojos cerrados y su respiración era profunda y
pesada. Estaba dormido como un tronco.
Fui hacia el armario, meneando la cabeza mientras rebuscaba entre la ropa.
Bajé la cremallera de mi vestido y lo deslicé sobre mis caderas dejándolo caer sobre
los tobillos. Lo aparté con el pie a un rincón y me quité la coleta agitando el pelo.
El armario rebosaba con su ropa y la mía; resoplé apartándome el pelo de la
cara mientras rebuscaba entre el montón una camiseta. Cuando estaba
descolgando una, Travis cayó sobre mi espalda envolviéndome con los brazos
alrededor de la cintura.
—¡Me has dado un susto de muerte! —se quejó.
Me recorrió la piel con las manos. Tenían un tacto diferente; lento y
deliberado. Cuando me llevó con firmeza hacia él, cerré los ojos, y él escondió su
cara en mi pelo rozándome el cuello suavemente con la nariz. Al sentir su piel
desnuda junto a la mía me costó un poco protestar.
—Travis…
Apartó mi pelo a un lado y me besó lentamente toda la espalda de un
90