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hombro al otro, soltando el enganche de mi sujetador. Besó la piel desnuda de la
base de mi cuello y cerré los ojos, la cálida suavidad de su boca sabía muy bien
para decirle que parase. Un tenue gemido escapó de su garganta cuando me apretó
con su pelvis, y pude sentir a través de sus calzoncillos lo mucho que me deseaba.
Contuve el aliento al saber que lo único que nos impedía dar el gran paso al que
minutos antes yo era tan reacia eran dos finos pedazos de tela.
Travis me giró hacia él y luego se apretó contra mí apoyando mi espalda
contra la pared. Nuestros ojos se encontraron y pude ver el dolor de su expresión
cuando examinó mi piel desnuda. Le había visto mirar a mujeres antes, pero esta
vez era diferente. No quería conquistarme; me quería decir que sí.
Se inclinó para besarme y se paró a un centímetro de distancia. Podía sentir
con mis labios el calor que irradiaba su piel, tuve que contenerme para no
empujarlo a hacer el resto del camino. Sus dedos investigaban mi piel mientras
decidía qué hacer y luego sus manos se deslizaron por mi espalda hasta la
cinturilla de mis bragas. Con los dedos índices se escurrió por mis caderas hacia
abajo entre mi piel y el tejido de encaje, y, en el mismo momento en que estaba a
punto de bajar el delicado tejido por mis piernas, dudó. Entonces, cuando abrí la
boca para decir sí, cerró con fuerza los ojos.
—Así no —susurró, acariciándome los labios con los suyos—. Te deseo,
pero no de esta manera.
Se tambaleó hacia atrás, cayó de espaldas en la cama y yo me quedé un
momento de pie con los brazos cruzados sobre el estómago. Cuando su respiración
se tranquilizó, saqué los brazos de la camiseta que todavía llevaba puesta y me la
quité bruscamente por la cabeza. Travis no se movió, y yo exhalé con suavidad y
lentamente, sabiendo que no podríamos refrenarnos si me deslizaba en la cama y él
despertaba con una perspectiva menos honorable.
Me fui deprisa al sillón y me dejé caer sobre él, tapándome la cara con las
manos. Sentí las capas de frustración bailoteando y chocando entre sí dentro de mí.
Parker se había ido sintiéndose desairado, Travis había esperado hasta que había
visto a alguien (alguien que a mí me gustaba de verdad) mostrar interés en mí, y
yo parecía ser la única chica a la que no podía llevarse a la cama, ni siquiera
estando borracho.
A la mañana siguiente me serví zumo de naranja en un vaso alto y me lo fui
bebiendo a sorbitos mientras movía la cabeza al ritmo de la música de mi iPod. Me
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