MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 88

www.lecturaycinecr.blogspot.com America parecía nerviosa. No me costó mucho imaginarme por qué. Travis apestaba a whisky; ella había insistido en acompañarlo o él le había pedido que fuese con él. De cualquier modo, America actuaba como elemento disuasorio de la violencia. Las ruedas del Porsche de Parker chirriaron al salir del aparcamiento, y Travis encendió un cigarrillo. —Ya puedes entrar, Mare. Ella me agarraba la falda. —Venga, Abby. —¿Porqué no te quedas, Abs? —decía él a punto de estallar. Le indiqué a America con la cabeza que siguiera y ella de mala gana obedeció. Me crucé de brazos, lista para una pelea, preparándome para atacarlo después del inevitable discurso. Travis dio varias caladas a su cigarrillo y, cuando quedó claro que no se iba a explicar, la paciencia se me agotó. —¿Por qué has hecho eso? —pregunté. —¿Por qué? ¡Porque estaba sobándote enfrente de mi apartamento! —gritó. Parecía que se le iban a salir los ojos de las órbitas y podía percibir que era incapaz de mantener una conversación racional. Mantuve la voz en calma. —Puedo quedarme contigo, pero lo que haga y con quién lo haga es asunto mío. Arrojó el cigarrillo al suelo empujándolo con la punta de dos dedos. —Eres mucho mejor que eso, Paloma. No le dejes que te folle en un coche como si fueras un ligue barato de fiesta de fin de curso. —¡No iba a tener relaciones sexuales con él! Gesticuló en dirección al espacio vacío donde había estado el coche de Parker. —¿Qué estabais haciendo entonces? —¿No has salido nunca con alguien, Travis? ¿No has jugueteado sin ir más lejos? Frunció el ceño y sacudió la cabeza como si yo estuviera diciendo tonterías. —¿Qué tiene que ver eso? —Mucha gente lo hace…, especialmente quienes tienen citas. —Las ventanas estaban empañadas, el coche se movía…, ¿qué iba a saber yo? —dijo, moviendo los brazos en dirección al espacio vacío del aparcamiento. —¡Tal vez no deberías espiarme! Se frotó la cara y sacudió la cabeza. —No puedo soportar esto, Paloma. Creo que me estoy volviendo loco. Dejé caer las manos golpeándome las caderas. —¿Qué es lo que no puedes soportar? 88