www.lecturaycinecr.blogspot.com
La habitación estaba más oscura de lo normal, así que supuse que Adam
quería andarse con cuidado y no llamar la atención sobre nuestras andanzas. Del
techo colgaban unos faroles que creaban un resplandor lúgubre sobre el dinero que
los asistentes sujetaban en el aire; todavía se aceptaban apuestas.
—Paloma, ¿me has oído? —dijo Travis, tocándome el brazo.
—¿Qué? —dije, parpadeando—. Quiero que te quedes junto a esta puerta,
¿vale? No te sueltes del brazo de Trent en ningún momento.
—No me moveré. Lo prometo.
Travis sonrió, y su perfecto hoyuelo se formó en su mejilla.
—Ahora eres tú la que parece nerviosa.
Miré hacia la puerta y después a él, de nuevo.
—Esto no me da buena espina, Trav. No es por la pelea, pero… hay algo.
Este lugar me da escalofríos.
—No estaremos aquí mucho tiempo —me tranquilizó Travis.
La voz de Adam