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sonó, John atacó.
—Cielo santo —dije, agarrándome al brazo de Trent.
Trent se movía igual que Travis, como si fueran uno solo. Con cada
puñetazo que John lanzaba, me ponía en tensión, y luchaba contra la necesidad de
cerrar los ojos. No había ningún movimiento gratuito; John era astuto y preciso.
Las demás peleas de Travis parecían descuidadas en comparación con esta. La
fuerza bruta detrás de cada golpe era asombrosa por sí sola, y parecía que el
conjunto hubiera sido coreografiado y practicado hasta la perfección.
El aire de la habitación estaba viciado y estancado; cada vez que cogía aire,
me tragaba el polvo que cubría las sábanas. Cuanto más duraba la pelea, más
aguda era la sensación de que algo malo iba a ocurrir. No podía librarme de él,
pero aun así me obligué a quedarme en el sitio para que Travis pudiera
concentrarse.
En determinado momento, me quedé hipnotizada por el espectáculo que
tenía lugar en el centro del sótano; al siguiente, no obstante, me empujaron desde
atrás. El golpe me lanzó la cabeza hacia atrás, pero me agarré con más fuerza,
negándome a moverme de la ubicación prometida. Trent se volvió, cogió por las
camisas a los dos hombres que estaban detrás de nosotros y los lanzó al suelo
como si fueran muñecos de trapo.
—¡Os largáis u os parto la puta boca! —gritó a los que estaban mirando a los
hombres del suelo. Me agarré con más fuerza a su brazo y él me dio unas
palmaditas en la mano—. Te tengo, Abby. Tú concéntrate en ver la pelea.
Travis lo estaba haciendo bien, y suspiré cuando fue el primero en hacer
sangrar al otro. La muchedumbre se enardeció, pero la advertencia de Trent
mantuvo a los que estaban a nuestro alrededor a una distancia segura. Travis
asestó un sólido puñetazo y, después, me miró, antes de volver a centrarse
rápidamente en John. Sus movimientos eran ágiles, casi calculados, como si
predijera los ataques de John antes de que se produjeran.
Presa de una impaciencia evidente, John envolvió a Travis con sus brazos y
lo lanzó al suelo. Como un solo cuerpo, la muchedumbre que rodeaba el
improvisado ring se estrechó alrededor de ellos, inclinándose hacia delante cuando
la acción se desarrollaba en el suelo.
—¡No lo veo, Trent! —grité, saltando de puntillas.
Trent miró alrededor y encontró la silla de madera de Adam. Con un
movimiento que pareció un paso de baile, me pasó de un brazo al otro y me ayudó
a subir sobre la turba.
—¿Lo ves?
—¡Sí! —dije, cogiéndome al brazo de Trent para guardar el equilibrio.
—¡Está encima, pero John le rodea el cuello con las piernas!
Trent se inclinó hacia delante sobre los pies, poniéndose la mano libre
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