www.lecturaycinecr.blogspot.com
Me rodeó con un brazo, mientras empujaba juguetón a Travis con el otro.
—Estoy bien, Trent.
Travis inmediatamente se relajó y me llevó de la mano a la parte trasera del
edificio.
—Si aparece la poli y nos separamos, nos vemos en Morgan Hall, ¿vale? —le
dijo Travis a su hermano.
Nos detuvimos junto a una ventana abierta a nivel del suelo, la señal de que
Adam estaba dentro y esperando.
—Me estás tomando el pelo —dijo Trent mirando fijamente la ventana—.
Abby apenas cabe por ahí.
—Cabrás —lo tranquilizó Travis, antes de sumergirse en la oscuridad del
interior.
Como muchas veces antes, me agaché y me eché hacia atrás, con la
seguridad de que Travis me cogería.
Esperamos un momento y, entonces, Trent gruñó al saltar desde la repisa y
aterrizar en el suelo, perdiendo casi el equilibrio cuando golpeó el cemento con los
pies.
—Abby, para mí eres el Trece de mis Amores. No tragaría con esta mierda
por nadie que no fueras tú —gruñó Trent, mientras se limpiaba la camiseta.
De un salto, Travis cerró la ventana con un movimiento rápido.
—Por aquí —dijo él, guiándonos por la oscuridad.
Pasillo tras pasillo, no me solté de la mano de Travis, mientras sentía que
Trent me cogía de la camiseta. Podía oír pequeños pedazos de grava que arañaban
el cemento al arrastrar los pies por el suelo. Sentí que mis ojos se ensanchaban al
intentar ajustarse a la oscuridad del sótano, pero no había luz alguna que pudieran
enfocar.
Trent suspiró después de que giráramos por tercera vez.
—Nunca vamos a encontrar el camino.
—Sígueme. Todo irá bien —dijo Travis, irritado por las quejas de Trent.
Al hacerse más intensa la luz del pasillo, supe que estábamos cerca. Y,
cuando el rugido sordo de la multitud se convirtió en un intercambio febril de
números y nombres, supe que habíamos llegado. En la habitación donde Travis
esperaba a que lo llamaran normalmente solo había una luz y una silla, pero,
debido a las obras, aquella estaba llena de pupitres, sillas y diversos equipos
cubiertos de sábanas blancas.
Travis y Trent discutían la estrategia para la pelea mientras yo echaba un
vistazo fuera. Había tanto público y caos como en la última pelea, solo que el
espacio era menor. Alineados junto a las paredes, podían verse muebles cubiertos
de sábanas polvorientas que habían apartado a un lado para hacer sitio a los
espectadores.
282