www.lecturaycinecr.blogspot.com
retrovisor.
—Sí. No estaba seguro de cómo me las iba a apañar sin que tú estuvieras
allí.
—Ya te lo he dicho… —empecé.
—Paloma, ¿cuántas veces tengo que repetirlo? —Me interrumpió con el
ceño fruncido.
Sacudí la cabeza por su tono impaciente.
—Bueno, pero sigo sin entenderlo. Antes no me necesitabas.
Me acarició la mejilla ligeramente con los dedos.
—Antes no te conocía. Si no estás allí, no puedo concentrarme. Empiezo a
preguntarme dónde estás, qué estás haciendo…, pero, si estás presente y puedo
verte, me centro. Sé que es una locura, pero es así.
—Y la locura es exactamente lo que me gusta —dije, levantándome para
darle un beso en los labios.
—Está claro —murmuró America por lo bajo.
En las sombras de Keaton Hall, Travis me estrechaba con fuerza junto a él.
El vaho de mi aliento se entrelazaba con el suyo en el ambiente frío de la noche, y
podía oír las conversaciones en voz baja de quienes se estaban colando por una
puerta lateral a pocos metros de distancia, desconocedores de nuestra presencia
allí.
Keaton era el edificio más antiguo de Eastern pero, aunque ya había
albergado algún que otro combate del Círculo, me sentía incómoda allí. Adam
esperaba un lleno total, y Keaton no era el más espacioso de los sótanos del
campus. Había unas vigas formando una rejilla a lo largo de las envejecidas
paredes de ladrillo, una señal de las renovaciones que se llevaban a cabo dentro.
—Esta es una de las peores ideas de Adam hasta la fecha —gruñó Travis.
—Ya es tarde para cambiarlo ahora —dije, levantando la mirada hacia los
andamios.
El teléfono móvil de Travis se encendió y lo abrió. Su cara se tiñó de azul
por el brillo de la pantalla, y por fin pude ver las dos arrugas de preocupación
entre las cejas cuya presencia conocía de antemano. Apretó unos botones, cerró de
golpe el teléfono y me abrazó con más fuerza.
—Pareces nervioso esta noche —susurré.
—Me sentiré mejor cuando Trent traiga su jodido culo aquí.
—Aquí estoy, llorica —dijo Trent en voz baja. Apenas podía ver su perfil en
la oscuridad, pero su sonrisa brillaba a la luz de la luna—. ¿Qué tal estás,
hermanita?
281