www. lecturaycinecr. blogspot. com el corazón. Tenía que decírselo pronto.— Gracias, Jim.— No le digas eso, papá— dijo Trenton—. Tiene que cocinar. ¡ No he probado una comida así desde que tenía cinco años!— Se metió media rebanada de pastel de nueces en la boca, con un murmullo de satisfacción.
Me sentía en mi casa, sentada a una mesa llena de hombres que se inclinaban hacia atrás en sus sillas mientras se rascaban las barrigas llenas. Me embargó la emoción cuando fantaseé sobre Navidad, Pascua y todas las demás fiestas que pasaría en esa mesa. Lo único que quería era formar parte de aquella familia rota y ruidosa a la que ya adoraba.
Cuando acabaron con los pasteles, los hermanos de Travis empezaron a recoger la mesa y los gemelos se encargaron de fregar.— Yo me ocupo de eso— dije, mientras me ponía de pie. Jim negó con la cabeza.— De eso nada. Los chicos pueden solos. Tú llévate a Travis al sofá y relájate. Habéis trabajado duro, hermanita.
Los gemelos se salpicaban el uno al otro con el agua de los platos y Trenton soltó un taco cuando se resbaló en un charco y tiró un plato. Thomas regañó a sus hermanos, mientras cogía la escoba y el recogedor para barrer el cristal. Jim dio unas palmaditas a sus hijos en los hombros y se encogió de hombros antes de irse a su habitación a dormir.
Travis me puso las piernas sobre su regazo y me quitó los zapatos, mientras me masajeaba las plantas de los pies con los pulgares. Eché la cabeza hacia atrás y suspiré.— Este ha sido el mejor día de Acción de Gracias desde que mamá murió. Levanté la cara para ver su expresión. Su sonrisa estaba teñida de tristeza.— Me alegro de haber estado aquí para verlo. La cara de Travis cambió y me preparé para lo que estaba a punto de decir. Sentía el corazón latiéndome contra el pecho, esperando que me pidiera que volviéramos para poder decirle que aceptaba.
Allí sentada con mi nueva familia, parecía que había pasado toda una vida desde Las Vegas.
— Soy diferente. No sé qué me pasó en Las Vegas. Aquel no era yo. Pensaba en todo lo que podríamos comprar con ese dinero, y en nada más … No veía el daño que te hacía queriendo llevarte de vuelta allí, aunque creo que, en el fondo, lo sabía. Me merecía que me dejaras. Me merecía todo el sueño que perdí y el dolor que sentí. Tuve que pasar por todo eso para darme cuenta de lo mucho que te necesitaba, y lo que estoy dispuesto a hacer para que sigas en mi vida.
Me mordí el labio, impaciente por llegar a la parte en la que le decía que sí. Quería que me llevara a su apartamento y pasar el resto de la noche celebrándolo.
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