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sabía que eso no era lo que quería. Aunque mis ideas no habían cambiado, nos
resultaba imposible estar alejados el uno del otro.
—¿Por qué no nos quedamos en la cama todo el día? —dijo con una sonrisa.
—He venido para cocinar, ¿te acuerdas?
—No, has venido aquí para ayudarme a cocinar, y no pienso cumplir con mi
obligación durante las próximas ocho horas.
Le toqué la cara; el ansia por acabar con nuestro sufrimiento se había vuelto
insoportable. Cuando le dijera que había cambiado de opinión y que quería que las
cosas volvieran a la normalidad, no tendríamos que pasarnos el día fingiendo. En
lugar de eso, podríamos pasarlo celebrándolo.
—Travis, creo que…
—No lo digas, ¿vale? No quiero pensar en ello hasta que no tenga más
remedio.
Se levantó, se puso los calzoncillos y fue hasta donde estaba mi bolsa. Dejó
mi ropa sobre la cama y, después, se puso una camisa.
—Quiero que tengas un buen recuerdo de este día.
Preparé huevos para desayunar y sándwiches para almorzar; cuando el
partido dio comienzo, empecé a organizar la cena. Travis aparecía detrás de mí
siempre que tenía la oportunidad, y me abrazaba por la cintura mientras me
besaba en el cuello. Me descubrí mirando el reloj, ansiosa por encontrar un
momento a solas con él para explicarle mi decisión. Anhelaba ver su mirada y
volver a donde estábamos.
El día estuvo lleno de risas, de conversación y de una retahíla de quejas por
parte de Tyler debido a las constantes muestras de afecto de Travis.
—¡Búscate una habitación, Travis! ¡Por Dios! —gruñó Tyler.
—Vaya…, pero si tu cara está adquiriendo un feo tono verde —se burló
Thomas.
—Sí, pero porque me dan náuseas, no porque esté celoso, gilipollas
—respondió Tyler mordaz.
—Déjalos tranquilos, Ty —le avisó Jim.
Cuando nos sentamos a cenar, Jim insistió en que Travis trinchara el pavo, y
yo sonreí cuando él se levantó orgulloso para cumplir con su obligación. Estaba un
poco nerviosa hasta que empezaron a llegarme las felicitaciones. Cuando serví el
pastel, no quedaba ni un trozo de comida en la mesa.
—¿He hecho suficiente? —dije riéndome.
Jim sonrió, mientras chupaba el tenedor y se preparaba para el postre.
—Has hecho mucha comida, Abby. Pero creo que queríamos ponernos hasta
arriba hasta el año que viene…, a menos que quieras repetir esto en Navidad.
Ahora eres una Maddox. Te espero en todas las fiestas, y no para cocinar.
Miré de reojo a Travis, a quien se le había borrado la sonrisa, y se me partió
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