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Me abrazó con más fuerza y bajó la barbilla, con una mirada de
determinación en sus ojos avellana.
—Me quedan menos de veinticuatro horas contigo, Paloma. Te voy a besar,
de hecho, hoy te voy a besar mucho. Durante todo el día y cada vez que tenga la
oportunidad. Si quieres que pare, dímelo, pero, mientras no lo hagas, voy a
aprovechar cada segundo de mi último día contigo.
—Travis…
Lo pensé durante un momento y llegué a la conclusión de que no se
engañaba sobre lo que pasaría cuando me llevara de vuelta a casa. Había ido allí
para fingir, pero, por muy duro que fuera para ambos después, no quería decirle
que parase.
Cuando se dio cuenta de que estaba mirándole fijamente a los labios, volvió
a levantar una de las esquinas de la boca, y se inclinó para apretar su suave boca
contra la mía. Empezó de forma dulce e inocente, pero, en cuanto separó los labios,
acaricié su lengua con la mía. De inmediato, su cuerpo se tensó y empezó a respirar
hondo por la nariz, apretando su cuerpo contra mí. Dejé caer la rodilla a un lado y
él se puso encima de mí, sin apartar en ningún momento su boca de la mía.
No tardó nada en desvestirme y, cuando ya no había tejido alguno entre
nosotros,