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metedura de pata y esperé la reacción de Travis. Cruzó la habitación y abrió la
puerta.
—Vamos, tienes que estar hambrienta.
—¿Adónde vas?
—Adonde tú quieras. Podemos ir a una pizzería.
Bajé la mirada a mi ropa.
—La verdad es que no voy vestida apropiadamente.
Se detuvo un momento a evaluarme y después se rio.
—Estás bien. Vámonos. Me muero de hambre.
Me levanté y me despedí de America con la mano, adelantando a Travis
para bajar las escaleras. Me detuve en el aparcamiento, observando con horror
cómo cogía una moto de color negro mate.
—Uf… —solté, encogiendo los dedos de los pies desnudos.
Me lanzó una mirada.
—Venga, sube. Iré despacio.
—¿Qué es eso? —pregunté, leyendo demasiado tarde lo que ponía en el
depósito de combustible.
—Es una Harley Night Rod. Es el amor de mi vida, así que no arañes la
pintura cuando te subas.
—¡Pero si llevo chanclas!
Travis se quedó mirando como si hablara en algún idioma extranjero.
—Y yo botas, ¡venga, sube!
Se puso las gafas de sol, y el motor rugió cuando le infundió vida. Me subí y
busqué detrás de mí algún sitio al que agarrarme, pero mis dedos se deslizaron
desde el cuero a la tapa de plástico de la luz trasera.
Travis me cogió de las muñecas y me hizo abrazarlo por la cintura.
—No hay nada a lo que agarrarse, solo yo, Paloma. No te sueltes —dijo al
tiempo que empujaba la moto hacia atrás con los pies.
Con un giro de muñeca, puso rumbo hacia la calle y salió despedido como
un cohete. Los mechones de pelo que llevaba sueltos me golpearon la cara, y me
agaché detrás de Travis, sabiendo que acabaría con bichos aplastados en las gafas
si miraba por encima de su hombro.
Pisó el acelerador al llegar al camino del restaurante y, en cuanto se detuvo,
no tardé ni un minuto en bajar a la seguridad del cemento.
—¡Estás chiflado!
Travis se rio mientras apoyaba la moto sobre su soporte antes de desmontar.
—Pero si he respetado el límite de velocidad…
—¡Sí, si hubiéramos ido por una autopista! —dije, mientras me soltaba el
moño para deshacerme los enredones con los dedos.
Travis observó cómo me retiraba el pelo de la cara y después se encaminó
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