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pero America torció el gesto—. No estaba bromeando.
Shepley la consoló y la besó en la mejilla.
—Lo sé, nena. Pero renuncié a los celos hace mucho; si no lo hubiera hecho,
no tendría tiempo para hacer nada más.
America sonrió como muestra de gratitud y entonces lo abrazó. Shepley
tenía una capacidad inigualable para hacer que todos los que estaban a su
alrededor se sintieran bien, sin duda, una consecuencia de