MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 131

www.lecturaycinecr.blogspot.com —Gracias por traerme a casa. Amanecerá dentro de unas pocas horas. Será mejor que te vayas —dije, abrazándola antes de dejar que se fuera. America no se volvió a mirar atrás cuando salió de mi habitación, y yo me mordí el labio nerviosamente, sabiendo lo enfadada que estaría cuando se diera cuenta de lo que había hecho. Mi camiseta crujió mientras me la ponía por la cabeza; la electricidad estática del aire había aumentado al aproximarse el invierno. Como me sentía algo perdida, me hice un ovillo bajo mi grueso edredón y respiré por la nariz. Mi piel seguía oliendo a Travis. La cama parecía fría y extraña, un brusco contraste con la calidez del colchón de Travis. Había pasado treinta días en un estrecho apartamento con el golfo de peor fama de Eastern, y, después de todas las riñas y de las visitas a altas horas de la mañana, era el único sitio en el que quería estar. Las llamadas de teléfono empezaron a las ocho de la mañana y se repitieron cada cinco minutos durante una hora. —¡Abby! —gruñó Kara—. ¡Responde al maldito teléfono! Extendí el brazo y lo apagué. Cuando oí que aporreaban la puerta, me di cuenta de que no podría pasarme el día encerrada en mi habitación como había planeado. Kara tiró del pomo. —¿Qué? America la empujó para abrirse paso y se quedó de pie junto a mi cama. —¿Qué demonios está pasando? —gritó. Tenía los ojos rojos e hinchados, y todavía llevaba el pijama. Me senté. —¿Qué pasa, Mare? —¡Travis está hecho un puto desastre! No quiere hablar con nosotros, ha arrasado el apartamento, ha lanzado el estéreo a la otra punta de la habitación… ¡Shep no consigue que entre en razón! Me froté los ojos con la muñeca y parpadeé. —No sé. —¡Y una mierda! Vas a decirme qué demonios está pasando, ¡y vas a hacerlo ahora mismo! Kara cogió su neceser y se fue. Cerró de un portazo y yo torcí el gesto, temiendo lo que pudiera decir al supervisor de la residencia o, peor, al decano de estudiantes. —Baja la voz, America, por Dios —susurré. Apretó los dientes. —¿Qué has hecho? Había dado por supuesto que se disgustaría conmigo, pero no que se pondría tan furiosa. 131