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—Travis —suspiré.
Cuando pronuncié su nombre, apretó su mejilla contra la mía y sus
movimientos se volvieron más rígidos. Los ruidos que emitía su garganta se
volvieron más fuertes hasta que, al final, me penetró una última vez, gimiendo y
estremeciéndose sobre mí.
Al cabo de unos pocos segundos, se relajó y su respiración se volvió más
lenta.
—Menudo primer beso —dije con una expresión cansada y satisfecha.
Escrutó mi cara y sonrió.
—Tu último primer beso.
Estaba demasiado impresionada para replicar. Se dejó caer a mi lado boca
abajo, con un brazo sobre mi cintura y apoyando la frente en mi mejilla. Acaricié la
piel desnuda de su espalda con los dedos hasta que oí que su respiración se volvía
regular.
Me quedé allí tumbada durante horas, escuchando la respiración profunda
de Travis y el silbido del viento que hacía tambalear los árboles en el exterior.
America y Shepley abrieron la puerta principal en silencio y los oí recorrer de
puntillas el pasillo, hablando entre murmullos.
Habíamos empaquetado ya todas mis cosas horas antes, y me estremecí al
pensar en lo incómodo que resultaría todo por la mañana. Había pensado que una
vez que me acostara con Travis su curiosidad se saciaría, pero en cambio estaba
hablando de estar conmigo para siempre. Tuve que cerrar los ojos al pensar en la
expresión de su rostro cuando se enterara de que lo que había pasado entre
nosotros no era un principio, sino un final. No podía seguir ese camino, y me
odiaría cuando se lo dijera.
Conseguí zafarme de su brazo y me vestí. Con los zapatos en la mano,
recorrí el pasillo hasta el dormitorio de Shepley. America estaba sentada en la
cama, mientras Shepley se quitaba la camiseta delante del armario.
—¿Va todo bien, Abby? —preguntó Shepley.
—¿Mare? —dije al mismo tiempo que le hacía un gesto para que se reuniera
conmigo en el pasillo. Ella asintió, mirándome con recelo.
—¿Qué pasa?
—Necesito que me lleves a Morgan ahora mismo. No puedo esperar hasta
mañana.
Un lado de su boca se curvó en una sonrisa cómplice.
—Nunca has podido soportar las despedidas.
Shepley y America me ayudaron con las bolsas. Durante todo el viaje de
regreso a Morgan Hall, no aparté la mirada de la ventanilla. Cuando dejamos la
última de las maletas en mi habitación, America me sujetó.
—Van a cambiar tanto las cosas ahora en el apartamento…
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