MARAVILLOSO DESASTRE maravilloso_desastre | Page 104

www.lecturaycinecr.blogspot.com —Si vas corta de dinero, Paloma… —No voy a aceptar ningún préstamo tuyo —dije con desdén. —Iba a sugerir que empeñaras esa pulsera —dijo sonriendo. Le di un golpe en el brazo justo cuando America empezó la cuenta atrás para la medianoche. Cuando las manecillas del reloj se superpusieron en las doce, todos lo celebramos. Tenía diecinueve años. America y Shepley me besaron en ambas mejillas, y entonces Travis me levantó del suelo y empezó a darme vueltas. —Feliz cumpleaños, Paloma —dijo con una expresión amable. Me quedé mirando fijamente sus cálidos ojos marrones durante un momento, sintiendo que me perdía en ellos. La habitación se quedó congelada en el tiempo, mientras nos mirábamos el uno al otro, tan cerca que podía sentir su aliento en mi piel. —¡Chupitos! —dije, tambaleándome hasta el mostrador. —Estás hecha polvo, Abby. Me parece que ha llegado el momento de dar por acabada la noche —dijo Brazil. —No soy una rajada —dije—. Y quiero ver mi dinero. Brazil puso un billete de veinte bajo los últimos dos vasos, y después gritó a sus compañeros de equipo. —¡Se los va a beber! ¡Necesito quince! Todos gruñeron y pusieron los ojos en blanco mientras sacaban sus carteras para formar un montón de billetes de veinte detrás del último vaso de chupitos. Travis había vaciado los otros cuatro que había junto al decimoquinto. —Nunca habría pensado que podría perder cincuenta pavos en la apuesta de los quince chupitos con una chica —se quejó Chris. —Pues empieza a creértelo, Jenks —dije, con un vasito en cada mano. Apuré ambos vasos y esperé a que el vómito que me subía por la garganta se asentara. —¿Paloma? —preguntó Travis, dando un paso hacia mí. Levanté un dedo y Brazil sonrió. —Va a perder —dijo él. —No, de eso nada. —America negó con la cabeza—. Respira hondo, Abby. Cerré los ojos y respiré hondo, mientras cogía el último chupito. —¡Por Dios santo, Abby! ¡Vas a morir de intoxicación etílica! —gritó Shepley. —Lo tiene bajo control —le aseguró America. Eché la cabeza hacia atrás y dejé que el tequila corriera garganta abajo. Tenía los dientes y los labios adormecidos desde el octavo chupito, y había dejado de 104