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notar la fuerza de los ochenta grados desde entonces. Toda la fiesta irrumpió en
silbidos y gritos, mientras Brazil me entregaba el fajo de billetes.
—Gracias —dije con orgullo, metiéndome el dinero en el sujetador.
—Estás increíblemente sexi ahora —me dijo Travis al oído mientras
caminábamos hacia el salón.
Bailamos hasta el amanecer, y el tequila que me corría por las venas hizo
que me olvidara de todo.
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