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que su lengua se adentrara entre mis labios, me invadió el nítido sentimiento de
que estaba haciendo algo mal.
—Ya vale, Parker —dije, desembarazándome de él.
—¿Pasa algo?
—Simplemente me parece que es de mala educación enrollarme contigo en
una esquina oscura mientras mis invitados están ahí fuera.
Sonrió y me besó de nuevo.
—Tienes razón. Lo siento. Solo quería darte un beso de cumpleaños
memorable antes de irme.
—¿Ya te vas? —Me tocó la mejilla.
—Tengo que levantarme dentro de cuatro horas, Abs.
Apreté los labios.
—Está bien. ¿Nos vemos el lunes?
—Nos vemos el lunes. Me pasaré a verte cuando vuelva.
Me llevó a la puerta y me dio un beso en la mejilla antes de irse. Me di
cuenta de que Shepley, America y Travis no me quitaban el ojo de encima.
—¡Papi se ha largado! —gritó Travis cuando la puerta se cerró—. ¡Hora de
empezar la fiesta!
Todo el mundo coreó sus palabras, y Travis me llevó al centro del piso.
—Un momento… Tengo un horario que cumplir —dije, llevándolo de la
mano hasta la encimera. Engullí otro chupito y me reí cuando Travis cogió uno del
final y lo chupó. Cogí otro, me lo tragué y él hizo lo mismo.
—Siete más, Abby —dijo Brazil, mientras me entregaba otros dos billetes de
veinte dólares.
Me sequé la boca mientras Travis tiraba de mí de nuevo hacia el salón. Bailé
con America, después con Shepley, pero cuando Chris Jenks, del equipo de fútbol,
intentó bailar conmigo, Travis lo apartó tirándole de la camiseta y le dijo que no
con la cabeza. Chris se encogió de hombros, se dio la vuelta y se puso a bailar con
la primera chica que vio.
El décimo chupito me pegó duro, y me sentí algo mareada cuando me puse
de pie sobre el sofá de Brazil con America, mientras bailábamos como torpes
estudiantes de primaria. Nos reíamos por nada y agitábamos los brazos al ritmo de
la música.
Me tambaleé y estuve a punto de caerme del sofá hacia atrás, pero las
manos de Travis aparecieron instantáneamente en mis caderas para sostenerme.
—Ya has dejado claro lo que querías demostrar —dijo él—. Has bebido más
que cualquier otra chica que hayamos visto. No voy a dejar que sigas con esto.
—Por supuesto que sí —dije arrastrando las palabras—. Me esperan
seiscientos pavos en el fondo de ese vaso de chupito, y tú eres el último autorizado
para decirme que no puedo hacer nada por dinero.
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