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reducen a estas palabras: Hay que amar y hacer amar al Sagrado Corazón147
¡Que siempre se dé amor y alabanza al Corazón, todo amor, todo amante y todo
amable de nuestro amado Salvador. ¡Todo sea para gloria de este divino
Corazón y para su amor!”
2. El amor al Sagrado Corazón debe ser celestial
La sierva de Dios nos invita a la escuela de los Bienaventurados para
aprender a amar al Corazón de Jesús. Este divino Corazón quiere que sus amigos
de la tierra rivalicen en el amor con sus amigos del cielo.
“Esto es lo que el Soberano de mi alma me dio a conocer el día de Todos
los Santos148; me dijo de una manera inteligible:
“En la inocencia no hay manchado nada.
“Nada hay perdido en manos del Señor,
“Nada se muda en tan feliz morada,
“Todo allí se consuma en el amor.”
“La explicación que se me dio de estas palabras me sirvió mucho tiempo
de ocupación.
En la inocencia no hay manchado nada: es decir, que debo dar todo,
confiar todo a Aquel que es el poder mismo y que no se puede perder nada al
dárselo todo.
En las otras palabras se entiende el Paraíso, donde nada pasa porque todo
es eterno y se consuma en el amor. Como al mismo tiempo me fuera
1 Carta 87 a la M. de Saumaise. – Carta 97 y 30.
148
Vida por ella misma, pág. 331.