LUMEN VIDENS NÚMERO 1. | Page 57

55 En el tomo III veremos, al hablar de las virtudes prescritas por el Sagrado Corazón, cuál debe ser esta vida de transformación que en nosotros produce el amor de este divino Corazón. Este amor de imitación fue enseñado a la Beata en una memorable circunstancia, poco después de la llegada de la sierva de Dios al noviciado146. En cuanto fui a la oración, refiere, mi divino Maestro me hizo ver: “Que mi alma era un lienzo, sobre el cual quería pintar todos los rasgos de su vida crucificada, pasada toda ella en el amor, en las privaciones, en el alejamiento, en el silencio y el sacrificio, hasta la consumación; Que Él los imprimiría en mi alma después de haberla purificado de todas las manchas que le quedaban, ya de afición a las cosas terrenas, ya del amor a mí misma o a las criaturas, hacia las cuales tenía mi natural complaciente demasiada inclinación.” [Nuestro Señor cumplió su palabra]. Me despojó de todo en aquel momento, y después de haber vaciado mi corazón y desnudado toda mi alma, encendió en mí un deseo tan ardiente de amar y sufrir que no me dejaba momento de reposo, persiguiéndome tan de cerca, que no tenía tiempo sino para pensar en cómo podría amarle, sacrificándome; y tan grande ha sido su bondad para conmigo, que, jamás ha dejado de proveerme de medios para ello.” Entre los actos por los cuales se debe manifestar la sinceridad de nuestro amor al Corazón de Jesús, la Beata cuenta principalmente las obras de celo. 1. El amor al Sagrado Corazón debe manifestarse en el celo. No haremos más que señalar aquí esta cualidad del verdadero amor. Trataremos más extensamente este asunto cuando hablemos del Apostolado del Sagrado Corazón. Puede decirse que todos los escritos de la Beata Margarita-María se 146 Vida por ella, pág. 313.