53
que esta insensibilidad [ que me hace indiferente a todo lo que no es Dios ] sea el estado deplorable de obstinación de que habla el Apóstol. ¡ Ah!, ¡ cómo me hace sufrir esto! Verdad es que siento siempre gran deseo de amar a Nuestro Señor; pero bien veo que no lo hago, porque me amo demasiado a mí misma.”
Movida por este insaciable deseo de amar a Dios, hacía llamamiento a todas las personas que conocía, para rogarlas encarecidamente que le alcanzaran este amor. En todas sus cartas resuena el clamor del adjuro vos, del Cantar de los Cantares:
“ Os suplico, decía a sus hermanas 139, pidáis la Sagrado Corazón de Jesús que consuma nuestros corazones en su más puro amor, de ese amor que me transforme toda en él. Lo mismo haré yo por vosotras. Pedid a este Corazón adorable esta gracia para mí y para todos los corazones capaces de amar. Rogad a su amorosa bondad que no sea yo privada de amarle eternamente.”
“¡ Ah!, yo os lo ruego 140. Encomendad a este divino y adorable Corazón la más indigna de todas las pecadoras, para que me conceda mi perfecta conversión y me dé la gracia de amarle, según el ardiente deseo que me da de vivir y morir en este santo amor.”
“ Me parece que el amor que tenéis a este divino Corazón 141 debe interesarnos un poco para pedirle me consuma con sus más vivos ardores, a fin de aprender a amarle, porque ¡ ay! me confunde decir que le amo, puesto que no sufro nada, o tan poco, que es para mí rudo martirio. No obstante, estoy resuelta a perderlo todo por adquirir este amor; el Sagrado Corazón me fuerza incesantemente a ello.”
Respondía la M. Greyfié 142 con maternal ternura el 31 de Enero de 1686 a la Beata, la cual le había expresado el temor que tenía de no amar a Dios con verdadero amor, sino solamente con deseos, sin afecto:“ Comprendo que conozcáis no tener más que el deseo sin afecto del divino amor. más no importa;
139
.. Carta 22 a la M. de Saumaise.- Carta 38, ídem.-Carta 118 a la hermana de la Barge.
140
.. Aviso 11, pág. 384.
141
Carta 106 a la hermana Joly, pág. 223.
142
Volumen I de las obras de la Beata, pág 227.