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Nuestro Santo Fundador nos enseña, que para esto nos vienen las penas y las
mortificaciones.”
Tales consejos eran demasiado conformes a las aspiraciones de la sierva
de Dios para no dedicar toda su atención a seguirlos. Así podía escribir con toda
verdad136
“Mi alma se siente cada vez más hambrienta del puro amor de este único
amor de mi alma y hastiada de las criaturas. Mi Soberano ha puesto hasta ahora
en mi alma tres deseos tan ardientes, que los miro como tres tiranos, tres
perseguidores que me hacen sufrir martirio, tormento continuo, sin darme reposo
un solo instante. Estos tres deseos son el de amar perfectamente a mi Dios y el de
comulgar; el de sufrir mucho por su amor y en este amor, y el de morir en este
ardiente amor para unirme a mi Señor.
“El primero [esto es el] gran deseo de amarle es el que produce los otros
dos. Me parece que todo lo que veo debería transformarse en llamas de amor.”
¡Oh! si se supiera cuán impelida me siento a amar al Sagrado Corazón de
Nuestro Señor Jesucristo137 yo pudiese corresponder a estos ardores. Me parece
que la vida se me ha dado sólo para esto. Sin el amor de este amado Corazón,
la vida sería insoportable para mí, y sin embargo, hago todo lo contrario.
Confieso que mi ruin corazón arde sin cesar en deseo de amarle, sin que todavía
haya podido realizarlo, esto me hace tan amarga la vida, porque la vida sin amor
no es más que cruel muerte.
“Jamás he comprendido mejor la importancia del amor de este único
amigo de nuestros corazones como después de la muerte de nuestra querida
hermana N...138 (escribía a la M. de Saumaise el 1º de Febrero de 1685). Desde
entonces, me parece que cada momento va a ser el último de mi vida y que he
perdido todo el tiempo, no habiendo empezado aún a amar a mi Dios. Temo
136
Cartas 12,15, 68, 85, 92, 106 y 109 a la M. de Saumaise. – Carta 133. – Vida por ella, pág. 322. – Vida por las
contemporáneas, pág. 45. – Véase el tomo III de esta obra tercera parte, cap. I; La Beata teme que la vehemencia de
sus deseos sea falta de abandono en las manos de Dios.
137
Carta 33 a la M. Greyfié, pág. 68
138
Carta 27, a la M. de Saumaise.-Carta 46, ídem.- Carta 100, segunda edición.