LUMEN VIDENS NÚMERO 1. | Page 54

52 Nuestro Santo Fundador nos enseña, que para esto nos vienen las penas y las mortificaciones.” Tales consejos eran demasiado conformes a las aspiraciones de la sierva de Dios para no dedicar toda su atención a seguirlos. Así podía escribir con toda verdad136 “Mi alma se siente cada vez más hambrienta del puro amor de este único amor de mi alma y hastiada de las criaturas. Mi Soberano ha puesto hasta ahora en mi alma tres deseos tan ardientes, que los miro como tres tiranos, tres perseguidores que me hacen sufrir martirio, tormento continuo, sin darme reposo un solo instante. Estos tres deseos son el de amar perfectamente a mi Dios y el de comulgar; el de sufrir mucho por su amor y en este amor, y el de morir en este ardiente amor para unirme a mi Señor. “El primero [esto es el] gran deseo de amarle es el que produce los otros dos. Me parece que todo lo que veo debería transformarse en llamas de amor.” ¡Oh! si se supiera cuán impelida me siento a amar al Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo137 yo pudiese corresponder a estos ardores. Me parece que la vida se me ha dado sólo para esto. Sin el amor de este amado Corazón, la vida sería insoportable para mí, y sin embargo, hago todo lo contrario. Confieso que mi ruin corazón arde sin cesar en deseo de amarle, sin que todavía haya podido realizarlo, esto me hace tan amarga la vida, porque la vida sin amor no es más que cruel muerte. “Jamás he comprendido mejor la importancia del amor de este único amigo de nuestros corazones como después de la muerte de nuestra querida hermana N...138 (escribía a la M. de Saumaise el 1º de Febrero de 1685). Desde entonces, me parece que cada momento va a ser el último de mi vida y que he perdido todo el tiempo, no habiendo empezado aún a amar a mi Dios. Temo 136 Cartas 12,15, 68, 85, 92, 106 y 109 a la M. de Saumaise. – Carta 133. – Vida por ella, pág. 322. – Vida por las contemporáneas, pág. 45. – Véase el tomo III de esta obra tercera parte, cap. I; La Beata teme que la vehemencia de sus deseos sea falta de abandono en las manos de Dios. 137 Carta 33 a la M. Greyfié, pág. 68 138 Carta 27, a la M. de Saumaise.-Carta 46, ídem.- Carta 100, segunda edición.